Thursday, January 12, 2017

Amor al prójimo ( San Serafín de Sarov )


Con respecto a nuestros prójimos, debemos ser puros de palabra y pensamiento y tratarlos a todos por igual; si no convertiremos nuestra vida en algo inútil. Hay que saber amar al prójimo no menos, que a nosotros mismos, según el mandamiento del Señor: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Lc. 10:27). Pero no de manera tal que el amor al prójimo exceda los límites y nos aleje del cumplimiento del primer y más importante mandamiento: el de amar a Dios. El mismo Señor nos enseña: "El que ama a padre o madre mas que a mí, no es digno de Mí; el que ama a hijo o hija mas que a mí, no es digno de Mí" (Mt. 10:37).
 
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No reduzcan la oración solamente a palabras ( San Paisios el Athonita )



El corazón se purifica con lágrimas y suspiros. Un suspiro con dolor del alma es igual a dos baldes de lágrimas. Lloremos nuestros pecados, esperando siempre el amor y la clemencia Divina. Sumerjamos el alma en fuentes de lágrimas. No reduzcan la oración solamente a palabras. Conviertan su vida en una permanente oración a Dios.

San Paisios el Athonita

Catecismo Ortodoxo 

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Thursday, January 5, 2017

La Fiesta de Theofania


               o del Bautismo del Señor

"Nacimiento con el agua y el Espíritu"

La festividad de la Theofania, o del Bautismo del Señor, igual, que la Pascua, es la mas antigua fiesta cristiana. Está dedicada al Bautismo de nuestro Señor Jesucristo en el río Jordán. Esta fiesta desde los primeros tiempos fue recibida por los cristianos con gran sentimiento, ya que les recordaba su propio bautismo y hacia sentir mas profundamente la fuerza de este Sacramento.

Relataremos aquí el acontecimiento del Bautismo, aclarando el significado de este hacho evangélico para nuestra vida cristiana. Explicaremos los momentos principales del Servicio de Theofania. Ofreceremos la traducción del Canon de las Matines y, finalmente, hablaremos del significado de la bendición de las aguas en este día.

               El Bautismo de Jesucristo


Sobre este acontecimiento hablan los cuatro Evangelistas: Mateo 3:1-17, Marco 1;1-11, Lucas 3;1-22 y Juan 1:15-33. Cuando se acercó el tiempo para nuestro Señor Jesucristo de comenzar Su servicio social, Dios envió a profeta Juan el Bautista con la predica de penitencia con el fin de preparar el pueblo hebreo para recibir al esperado Mesías. El comienzo de la prédica de Juan el Bautista, según san Lucas, corresponde a 15-avo año del reinado del emperador Tiberio en Roma. Era el año 779 desde la fundación de Roma, o el año 30 de la era cristiana. En este tiempo Jesucristo vivía en Su ciudad de Nazaret, en la parte norte de la Tierra Santa - la Galilea, donde se estableció la Santa Familia, desde el tiempo del asesinato por Herodes de los infantes de Belén.

La predica del profeta Juan era muy simple, pero llegaba al alma misma de sus oyentes. "Arrepentios, porque que se ha acercado el Reino de los cielos." El lugar de la predica de Juan era el desierto de Judea, región poco poblada en los bordes occidentales de Jordán y el Mar Muerto. Era un lugar muy accidentado con colinas rocosas y lechos de cursos de agua secos, con una vegetación muy escasa. Por eso se llamaba - desierto. El profeta Juan era el hijo de los justos Zacarías y Isabel. (Zacarías era sacerdote e Isabel procedía de la familia del rey David). Juan quedó huérfano en edad temprana y creció en el desierto, donde llevaba una vida muy severa. Su vestimenta estaba hecho de tela de la lana del camello con un cinturón de cuero. Se alimentaba de acrides (una especie de langosta) y de miel silvestre.

Después de las enseñanzas tediosas de los eruditos judíos y que se referían principalmente al exacto cumplimiento de distintas ceremonias religiosas, la prédica de Juan el Bautista corrió por Judía como una ráfaga de aire fresco. Los habitantes de Jerusalén, Judea, y hasta Galilea y Samaria, en tropel se dirigían para escuchar la palabra viva y inspirada del profeta de Dios.

700 anos a. C. el profeta Isaias en su libro predijo la predica de Juan el Bautista. Isaias llamo al profeta Juan: "La voz que clama en el desierto" (Is. 40:3), El tenia que: "Preparar camino a Jehová; enderezar la calzada en la soledad a nuestro Dios." Predijo también sobre Juan el Bautista, el ultimo de los profetas del Viejo Testamento, Malaquias, quien vivió unos 400 an

años antes de Cristo. El llama a Juan - Angel del Señor y hablando de parte de Dios dice: "Yo envío Mi mensajero, el cual preparará el camino delante de Mi; y vendrá subitamente a Su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el Angel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová Sabaot" (de los ejércitos) (en griego Angel significa el mensajero; Mal. 3:1-2; 4:5; Mar. 1:1; Mat. 11:14 y 17:12).

Con el llamado a la penitencia, el profeta Juan sugería a los hebreos la necesidad de comprender profundamente sus errores, condenar su vida pecaminosa y comenzar una vida nueva, basada sobre las leyes Divinas. La palabra "penitencia," en griego - metanía, significa cambiar su modo de pensar, comenzar a mirar la vida en forma nueva. Con todo eso, el profeta insistía que la penitencia debe ser sincera, completa, seguida por la corrección de uno y obras de bien. "Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento" - decía el profeta a los judíos. A la frecuente pregunta "que hacer?" el profeta contestaba: "El que tiene dos túnicas, que dé una al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo." En otras palabras: hagan el bien, ayuden al necesitando. A los publicanos (recogedores de impuestos) inculcaba de no exigir mas de lo debido. A los soldados les enseñaba de no hacer daño a nadie, no calumniar y estar satisfechos con sus sueldos.

Pero no todos los judíos venían al profeta con la sed de oír la palabra Divina viva, y con la intención de corregirse. Algunos venían por vana curiosidad, o para sorprenderlo en alguna palabra imprudente y acusarlo luego ante las autoridades. Los que no lo aceptaban eran los letrados y los fariseos, quienes envidiaban su gloria y temían perder su propia autoridad sobre el pueblo. Ellos estaban orgullosos de sus conocimientos de la ley y su "santidad ceremonial," despreciando a la gente simple y no letrada. El profeta Juan, viendo la falsedad y la maldad de las autoridades judías y su falta de deseo de volver a Dios, los acusaba abiertamente y en forma muy severa, diciendo: "Generación de víboras, quien os enseñó a huir de la ira venidera de Dios?"

En cambio, a los que hacían la penitencia y confesaban sus pecados abiertamente, el profeta Juan bautizaba en el río Jordán. El bautismo consistía en la inmersión del penitente con oración en el agua, que simbólicamente significaba su purificación de los pecados. (En griego "baptízo" es sumergir). El bautismo del profeta Juan todavía no era el Bautismo cristiano de Gracia, sino una preparación a éste.

Llamando al Reino de Mesías Celestial, el profeta Juan daba a entender que este Reino no será tal, como se representaban erróneamente la mayoría de los judíos como un reino rico y poderoso. El Reino de Mesías será celestial - espiritual, que lleva a la gente hacia Dios, y otorga a los hombres una renovación moral.

Algunos judíos, viendo a Juan, se preguntaban si el no es ya el esperado Mesías? Pero el profeta Juan negaba enérgicamente este concepto, explicando que su misión es solo preparar a los hombres para recibir al Mesías, que vendrá. Él, Juan, los bautiza con el agua en el sentido de penitencia. Mesías los bautizará con "Espíritu Santo y fuego." En otras palabras, el nuevo Bautismo no será solo un simbólico lavado de los pecados, como el bautismo de Juan, será un renacimiento del hombre en la Gracia. En el Bautismo de Mesías el Mismo Espíritu Santo, como fuego, quemará toda la impureza humana y prenderá en sus almas un fogoso deseo de servir a Dios. A quienes aceptarán al Mesías, Dios reunirá en Su Reino, como se junta el trigo en un granero. En cambio, los que rechazarán al Mesías, serán quemados como la paja, en el fuego eterno.

Mas adelante los Evangelistas relatan que durante uno de los sermones del profeta Juan al borde de Jordán: "Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él." Para que Jesús, excento de todo pecado, vino a bautizarse? La respuesta a esta pregunta la encontramos en las palabras del mismo profeta Juan, quien varias veces explicaba a los miembros del Sinedrion (consejo espiritual supremo): Yo vine a bautizar en el agua para que El (Cristo) sea revelado a Israel. O sea para que durante el Bautismo sea revelado quien es El. Hasta entonces Jesucristo vivía en la tranquilidad de Nazaret, conocido a los habitantes de esta pequeña ciudad, como hijo de María y del carpintero José. Ahora Cristo cumplió 30 años y tenia derecho, según la ley hebrea, de enseñar al pueblo y tomar el nombre de "rabbí" - maestro. Llegó el tiempo de revelarse al pueblo, y para el pueblo de escuchar el testimonio sobre El, como el esperado Mesías. Esto se cumplió ahora en el borde de Jordán.

Sin embargo, cuando el Señor se acercó a Juan, éste sintió Su gran y Divina Santidad, y dijo: "Yo necesito ser bautizado por Ti, y Tu vienes a mi?" A esto el Señor contestó: "Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda verdad." La Verdad, Jesús llama la voluntad Divina. La voluntad de Dios era que todos que deseaban ser miembros del bendito Reino de Mesías - se bauticen. El Bautismo recibió la importancia de "puerta" al Reino de Dios. Jesucristo, como el Progenitor de la nueva humanidad, regenerada por El, debía entrar primero en el Reino, creado por El, abrir a los hombres el camino de salvación y enseñarles a cumplir la voluntad de Dios. (Tomando en cuenta el constante deseo de Cristo de cumplir la voluntad de Su Padre, el profeta David dice en el salmo 40:7-9 - "He aquí, vengo...el hacer Tu voluntad, Dios Mío, me ha agradado..." comparar con Hebr. 10:5-9).

En el mismo tiempo, sumergiéndose el Salvador en las aguas en el momento del Bautismo, santificó este Misterio, y trasformó la ceremonia simbólica en el Sacramento cristiano regenerador.

Todos los que venían a Juan, primero confesaban sus pecados y luego se sumergían en el agua. Solo Jesús, carente de pecados, vino a Juan directamente para el Bautismo. Inmediatamente, saliendo del agua después del bautismo, Jesús en el borde del río se puso a orar, y como Hijo de Dios, pedía a Su Padre Celestial de bendecir el comienzo de Su servicio social. De repente, mientras El oraba, se abrió el Cielo y sobre Jesús bajo el Espíritu Santo en forma de una paloma blanca. Y hubo una voz de los cielos, que decía: "Este es Mi Hijo amado, en quien tengo complacencia." Estas palabras de Dios Padre eran la indicación para Juan y el pueblo presente, de la dignidad Divina del Mesías, quien no solo es hombre, sino el Unigénito Hijo de Dios.

El triple milagro que se produjo - abertura del cielo, descenso del Espíritu Santo en forma de paloma y el testimonio de Dios Padre - convenció completamente a Juan que Jesucristo es el esperado Mesías. Este visible descenso del Espíritu Santo sobre el Mesías Juan estaba esperando, ya que Dios, enviándolo a la predica, le dijo: "Sobre quien veas descender el Espíritu Santo y que permanece sobre El, este es el que bautiza con el Espíritu Santo" (Juan 1:33). De manera que desde este momento, Juan el Bautista sin ninguna duda podía atestiguar que Jesús es Mesías y Cordero de Dios, que tomo sobre Si, los pecados del mundo. Poco después del Bautismo del Señor, el profeta Juan le cedió algunos de sus discípulos: los hermanos Andrés (el que fue primero en ser llamado) y Pedro, y los hermanos Jacobo y Juan (el Teólogo). Siguiendo al Salvador, ellos se hicieron Sus primeros discípulos y Apóstoles.

      El significado del Bautismo del Señor

En el día de Bautismo del Señor, nosotros recordamos el milagro de la Theo-fania - manifestación Divina. En verdad, durante el Bautismo del Salvador, el único, omnipotente Dios, Creador del cielo y la tierra, por primera vez se hace ver a los hombres en Tres Personas: Dios Padre - con Su voz; Dios Hijo - con Su Bautismo en Jordán y Espíritu Santo - descendiendo como una paloma. Por eso en el tropario de la Festividad de Bautismo se dice, que en este día "Se manifestó para ser adorada la Triple Divinidad."

La Fiesta de Theofania o el Bautismo del Señor ocupa un lugar especial entre las 12 festividades importantes de la Iglesia. Nos hace recordar nuestro propio nacimiento espiritual en el día, cuando el sacerdote nos sumergió tres veces en el agua. Nos recuerda las promesas que dimos ante la pila bautismal, si no consciente por causa de nuestra temprana edad, pero dada por nuestros padrinos espirituales, quienes tienen la obligación de educarnos como verdaderos cristianos.

Durante el Sacramento del bautismo, el sacerdote recuerda el Bautismo del Señor y ora a Dios con estas palabras:

Tú, el Dios incircunscrito, sin comienzo e inefable, descendiste a la tierra, tomando la forma de un servidor y haciéndote a semejanza del hombre. Pues no toleraba tu entrañable misericordia, Dueño, ver a la raza del hombre bajo la tiranía del diablo, porque viniste a salvarnos. Confesamos tu gracia; proclamamos tu misericordia; no escondemos tu beneficencia. Libertaste a los hijos de nuestra naturaleza; por tu nacimiento santificaste el seno de la Virgen. Toda la creación canta tus alabanzas, Tú que te manifestaste. Porque Tú, Dios nuestro, apareciste en la tierra y habitaste entre los hombres. Santificaste las corrientes del Jordán, enviando desde el cielo a tu Santísimo Espíritu, y aplastaste la cabeza de los dragones que allí habitaban.

Para un cristiano, dice san Cirilo de Jerusalén, padre de la Iglesia de los primeros tiempos, - las aguas bautismales son "y sepulcro, y la madre." Sepulcro de la vida anterior pecaminosa, fuera de Cristo, y madre de la nueva vida en Cristo y Su Reino eterno de la Verdad. El Bautismo es la puerta, que lleva del reino de las tinieblas al Reino de la Luz. "Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos" (Gal. 3:27). El bautizado en Cristo es revestido en la virtud de Cristo, se Le asemeja, participa en Su santidad. La fuerza del Sacramento está en que el bautizado recibe la capacidad y poder de amar a Dios y a sus prójimos. Este amor cristiano lleva al creyente hacia la vida justa y le ayuda a vencer las atracciones del mundo con sus pecaminosas alegrías.

En nuestros tiempos, la desdicha de muchos cristianos es que se dedican muy poco para avivar en sus corazones el dón del amor bendito, que recibieron. La enfermiza atracción del mundo reemplaza en ellos el amor espiritual, y trae consigo los sinsabores, la maldad y envidia. Por eso, festejando el bautismo del Señor, debemos recordar nuestras promesas de amar a Dios y a nuestros prójimos. Agradezcamos a Dios por habernos hechos dignos del nacimiento espiritual y por habernos llamado a Su Reino de eterno gozo. Hagamos el esfuerzo de ser dignos de este gran honor y Gracia Divina!

        El Servicio del Bautismo del Señor

En la Iglesia antigua (hasta el siglo 4) la Theofania se festejaba el 6 de enero (calendario Juliano o el 19 - cal. Gregoriano). La celebración unía los dos acontecimientos - la Navidad de Cristo y Su Bautismo en Jordán. Cuando al final del siglo 4, la Navidad comenzó a celebrarse el 25 de diciembre, la Theofania el 6 de enero esta festejando solamente el Bautismo de Cristo. La primordial unión de los dos recordatorios se manifiesta hasta ahora en una semejanza de estructura de las celebraciones religiosas. Así, en la víspera de ambas se ofician "las horas del Rey," después de las cuales - Servicio de la Tarde y la Eucaristía. El Servicio de la Noche comienza con el Gran Vespertino, donde se canta: "Dios esta con nosotros."

La víspera del Bautismo se leen 13 paremias, en vez de 3 habituales, (lecturas del Ant. Test.), la cantidad de las cuales se explica por el hecho de numerosos bautismos, que se producían en este día en la Iglesia antigua. El Bautismo se cumplía en el atrio durante la lectura de las paremias. Los recién bautizados en vestidos blancos y con velas encendidas entraban entonces en el Templo. Los cristianos les recibían, cantando: "Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos," que ahora se acostumbra de cantar en las Liturgias de Navidad y Bautismo.

Las lecturas de estas paremias son dedicadas a profecías, referentes al agua. 1) Gen. 1:1-13 - la fijación de la tierra sobre las aguas. 2) Exodo 14:15-18, 21-23, 27-29 - cruce de israelitas del Mar Rojo. 3) Ex. 15:22-27, 16:1-4 - canto victorioso a Dios después de que los perseguidores egipcios fueron ahogados. 4) Josué 3:7-8, 15-17 - cruce milagroso de hebreos al Jordán. 5) 4 Rey. 2:6-14 - cruce del Jordán por los profetas Elías y Elíseo. 6) 4 Rey. 5:9-14 - curación de lepra de Neeman en el río Jordán. 7) Is. 1:16-20 - llamado a la penitencia y a la ablución. 8) Gen. 32:1-10 - reconciliación de Jacobo con Esaú cerca de Jordán. 9) Ex. 2:5-10 - la princesa egipcia encuentra al niño Moisés en el borde de Nilo. 10) Jueces 6:36-40 - rocío milagroso del vellón de lana, para la certificación de Gedeon. 11) 1 Rey, 18:30-39 - el milagro del descenso del fuego por el profeta Elías y la lluvia que siguió. 12) 2 Rey. 2:19-22 - la milagrosa transformación por prof. Elíseo de agua salada en dulce. 13) Is. 49:8-15 - sobre la regeneración Espiritual.

En la Liturgia del día antes del Bautismo se lee: Epístola a los Corintios 9:19-27; Evangelio de san Lucas 3:1-18. En los versículos de noche antes de Bautismo se da un relato artístico del acontecimiento: la conversación de Jesucristo con Juan el Bautista y su temor de bautizar al Señor, la abertura de los cielos, las voz del Cielo y el descenso del Espíritu Santo. Además, se explica el significado profundo de la festividad: a) el Señor tomo el bautismo para la salvación de los hombres, y no para ser El purificado, que no Le hacia falta; b) el Señor deseaba cumplir, hasta el final, las leyes y ceremonias del Antiguo Testamento; c) Su salida de las aguas significa la elevación del mundo hacia el cielo; y finalmente d) el Sacramento del bautismo otorga actualmente la Gracia Divina, ya que el agua bautismal fue santificada por el Señor.

                          Tropario, Tono 1: 

En el Jordán, al ser bautizado, Señor, se manifestó la adoración de la Trinidad; pues la voz del Padre dio testimonio de ti, nombrándote su Hijo amado. Y el Espíritu, en forma de paloma, confirmó la verdad de su palabra. Cristo Dios nuestro, que te manifestaste e iluminaste el mundo, gloria a ti.

                        Kontaquio Tono 4: 

Hoy Te has aparecido al mundo y Tu luz, oh Señor, se ha grabado sobre nosotros que, conociéndote, Te cantamos: has venido y Te has manifestado, oh luz inaccesible.

              Santificación de las Aguas

Durante la procesión para santificar el agua el coro canta las siguientes stihiras: "Habiendo lavado el pecado humana en Jordán, Cristo destruyó las cabezas de las serpientes invisibles y santificó la escénica del agua. En memoria de esto se realizan dos grandes bendiciones del agua: una en la Víspera y otra en el día del Bautismo del Señor."

Al comienzo de la procesión, los oficiantes salen del altar. El Párroco lleva la santa Cruz, adelante de él van los estandartes, iconos y velas encendidas. El coro canta los troparios de la festividad, se leen las paremias, Apóstol y Evangelio sobre el Bautismo de Jesucristo. En las paremias se leen las profecías sobre la fuerza Divina regeneradora, que los profetas asemejan al agua: "Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa. Florecerá profusamente y cantará con jubilo...entonces (en el tiempo de Mesías) los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad... Sedientes! venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid... Sacareis con gozo aguas de las fuentes de la salvación. Y direis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad Su nombre. Haced célebres en los pueblos sus obras" (Is. 35:1-10, 55:1-13,12:3-5).

Después del Evangelio, el diácono pronuncia una letanía con ruegos especiales, relacionados con la bendición de las aguas. El sacerdote en su oración, en la cual pide a Dios de otorgar a todos que beben o son ungidos con agua bendita: la purificación, bendición y salud. Después el sacerdote sumerge tres veces la Santa Cruz en el agua. El coro canta el tropario: "Al bautizarte en el Jordán, oh Señor, se manifestó la adoración a la Trinidad: porque la voz del Padre dio testimonio de Ti, llamándote su Hijo muy amado, y el Espíritu, en forma de paloma, confirmó la veracidad de estas palabras. Oh Cristo Dios que Te manifestaste e iluminaste al mundo, gloria a Ti." El sacerdote rocía con el agua bendita todo el templo, la gente presente, y después sus casas.

La tradición de bendecir las aguas existía ya en el siglo tercero. San Juan Crysostomo llama esta agua "agiasma" - santa. Desde los tiempos mas remotos se sabe, que el agua bendita no se hecha a perder, sigue siempre buena y fresca. Con ella se rocían los iconos, los objetos del altar, vestiduras sacerdotales, las crucecitas que llevamos, los automóviles y casas y otras cosas. Recibida con fe, tiene fuerza para sanar las enfermedades del cuerpo y alma. No sustituyendo la Comunión, ella puede servir de consolación para las personas que por ciertas razones son privadas de este Sacramento. Puede tranquilizar y aliviar las personas acongojadas o que sufren alguna inquietud de espíritu. Por eso los cristianos la guardan en lugar santo de sus casas, y con oración la toman en ayunas.

Así, con alegría, vamos recibir la festividad del Bautismo del Señor, agradeciendo al Salvador por nuestra regeneración con agua y Espíritu Santo en este Sacramento, y por abrirnos el camino al Reino de los Cielos!

Concluida la Divina Liturgia el clero se traslada en procesión al lugar donde se celebrará la bendición de las aguas.

El coro canta los siguientes idiomelos en el tono 8:

La voz del Señor sobre las aguas clama, diciendo: Venid todos y recibid al Espíritu de sabiduría, al Espíritu de inteligencia, al Espíritu del temor de Dios, del Cristo que se ha manifestado.

Hoy es santificada la naturaleza de las aguas, y el Jordán es partido, deteniendo las corrientes de sus aguas al ver lavarse en ellas al Dueño de todo.

Cristo Rey, has venido al río como hombre, y en tu bondad te apresuras a recibir el bautismo propio de un siervo de manos del Precursor, por causa de nuestros pecados, Amante de los hombres.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. A la voz del que clamaba en el desierto, 'Preparad el camino del Señor,' has acudido, Señor, tomando la forma de siervo, y tú que no conoces pecado pides ser bautizado. Viéndote las aguas temieron; el Precursor temblando exclamo: ¿Como podrá el candil iluminar la Luz? ¿Como podrá tocar el siervo al Dueño? Salvador, que quitas los pecados del mundo, santifícame a mí junto con las aguas.

Lectura de la Profecía de Isaías (35:1-10).

Así dice el Señor: Alegrarse han el desierto y la soledad: el yermo se gozará, y florecerá como la rosa. Florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará con jubilo: la gloria del Líbano le será dada, la hermosura de Carmel y de Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, la hermosura del Dios nuestro. Confortad a las manos cansadas, roborad las vacilantes rodillas. Decid a los de corazón apocado: Confortaos, no temáis: he aquí que vuestro Dios viene con venganza con pago; el mismo Dios vendrá, y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco será tornado en estanque,' y el secadal en manaderos de aguas, en la habitación de chacales, en su cama, será lugar de cañas y de juncos. Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará por el inmundo; y habrá para ellos en él quien los acompañe, de tal manera que los insensatos no yerren. No habrá allí león, ni bestia fiera subirá por el, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos. Y los redimidos del Señor volverán, y vendrán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y retendrán el gozo y alegría, y huirá la tristeza y el gemido.

Lectura de la Profecía de Isaías (55:1-13).


Así dice el Señor: A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed. Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero no en pan y vuestro trabajo no en hartura? Oídme atentamente, y comed del bien, y deleitaráse vuestra alma con grosura. Inclinad vuestros oídos, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes de David. He aquí, que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones. He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán a ti; por causa del Señor tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado. Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase al Señor, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Señor. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Porque como desciende de los cielos la lluvia, y la nieve, y no vuelve allá, sino que harta la tierra, y la hace germinar y producir, y da simiente al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, antes hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso En lugar de la zarza crecerá haya, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán: y será al Señor por nombre, por señal eterna que nunca será raída.

Lectura de la Profecía de Isaías (12:3-6).


Así dice el Señor: Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salud. Y diréis en aquel día: Cantad al Señor, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido. Cantad salmos al Señor; porque ha hecho cosas magnificas: sea sabido esto por toda la tierra. Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en media de ti el Santo de Israel.

Luego se canta el proquimeno siguiente en el tono 3:

El Señor es mi luz y mi salvación: ¿de quién temeré?

Verso: El Señor es la fortaleza de mi vida: ¿de quien he de atemorizarme?

Lectura de la Primera Epístola del Santo Apóstol Pablo a los Corintios (10:1-4).

Hermanos, no quiero que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron la mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en la mar, y todos comieron la misma vianda espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la piedra espiritual que los seguía, y la piedra era Cristo.

                         Aleluya, tono 4:

Voz del Señor sobre las aguas.

Verso: Hizo tronar el Dios de gloria:

el Señor sobre las muchas aguas.

Lectura del Santo Evangelio según marcos (1:9-11).

En aquellos días, aconteció que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, subiendo del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma, que descendía sobre El. Y hubo una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tomo contentamiento.

Y el diácono recita la letanía, En paz al Señor roguemos... y después de la petición, Por los viajeros..., añade estas peticiones:

- Para que esta agua sea santificada por la fuerza, la operación y el descenso del Espíritu Santo, al Señor roguemos.

- Para que sobre estas aguas descienda la operación purificadora de la supersubstancial Trinidad, al Señor roguemos.

- Para que a estas aguas sea concedida la gracia de la redención y la bendición del Jordán por la fuerza, la operación y el descenso del Espíritu Santo, al Señor roguemos.

- Para que Satanás sea aplastado bajo nuestros pies, y que sea anulado todo consejo maligno dirigido contra nosotros, al Señor roguemos.

- Para que el Señor Dios nuestro nos libre de todo ataque y tentacio5n del Adversario, y que nos haga dignos de los bienes prometidos, al Señor roguemos.

- Para que seamos iluminados por la luz de la sabiduría y de la piedad, por el descenso del Espíritu Santo, al Señor roguemos.

- Para que el Señor Dios nuestro envíe la bendición del Jordán sobre estas aguas y las santifique, al Señor roguemos.

- Para que esta agua sea un don de santificación, remisión de pecados, curación de almas y cuerpos, para todo buen propósito, al Señor roguemos.

- Para que esta agua brote como manantial de vida eterna, al Señor roguemos.

- Para que sea prevención contra toda asechanza de nuestros enemigos visibles e invisibles, al Señor roguemos.

- Por los que la reciban y la lleven para la santificación de sus hogares, al Señor roguemos.

- Para que sea purificación de alma y cuerpo de todos los que la reciban y la beban, al Señor roguemos.

- Para que seamos dignos de ser infundidos de santificación por tomar de estas aguas, por la manifestación invisible del Espíritu Santo, al Señor roguemos.

- Para que el Señor Dios escuche la voz de suplica de nosotros que somos pecadores y que tenga piedad de nosotros, al Señor roguemos.


Entretanto, el sacerdote ha estado recitando en voz baja esta oración:

Señor Jesucristo, Hijo unigénito que permaneces en el seno del Padre, Dios verdadero, Fuente de vida e inmortalidad, Luz de Luz, que viniste al mundo a iluminarlo, ilumina nuestras mentes con tu Espíritu Santo, y recíbenos al ofrecerte gloria y gratitud por todas tus grandes obras maravillosas, que son por siglos de siglos, y por tu salvadora dispensación en estos últimos días, en la que te has revestido de nuestra naturaleza pobre y débil, condescendiendo hasta tomar la forma de siervo, Tú que eres Rey de todo, y te dignaste ser bautizado en el Jordán por la mano de un siervo, para que, habiendo santificado la naturaleza del agua, Tu que eres impecable, nos indicaras un nuevo nacimiento por el agua y el Espíritu, y nos restauraras a nuestra prístina libertad. Celebrando la memoria de este misterio divino, te suplicamos, Señor que amas a los hombres, que nos rocíes, a tus siervos indignos, de acuerdo con tu promesa divina, del agua purificadora, el don de tu entrañable misericordia; y que te agraden las suplicas de nosotros pecadores sobre esta agua en tu bondad, y que por ella sea concedida tu bendición a nosotros y a todo tu pueblo fiel, para la gloria de tu santo y adorable nombre. Porque a ti pertenecen toda gloria, honor y adoración, con tu Padre que es sin origen, y con tu santísimo Espíritu bueno y vivificador, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Y al terminar el diácono la letanía, el sacerdote dice en voz alta esta oración:

Grande eres, Señor, y maravillosas tus obras, y ninguna palabra es suficiente para cantar tus maravillas. tres veces

Porque Tú, por tu propia voluntad, de la nada has traído todas las cosas a la existencia, y por tu poder mantienes toda la creación, y por tu providencia ordenas el mundo Constituiste con los cuatro elementos la creación; coronaste el ciclo del año con cuatro estaciones. Ante ti tiemblan todas las potestades razonables. El sol canta tus alabanzas, y la luna te glorifica; las estrellas interceden contigo. Te obedece la luz. Ante ti se estremecen los abismos; los manantiales te sirven. Extendiste los cielos como una cortina. Estableciste la tierra sobre las aguas. Rodeaste los mares de arena. Derramaste el aire para el aliento. Las potestades angelicales te sirven. Los coros de arcángeles te adoran. Los querubines de múltiples ojos y los serafines de seis alas, estando en derredor y volando, se cubren de temor ante tu inaccesible gloria. Porque Tú, el Dios incircunscrito, sin comienzo e inefable, descendiste a la tierra, tomando la forma de un siervo y haciéndote a semejanza del hombre. Pues no toleraba tu entrañable misericordia, Dueño ver a la raza de los hombres bajo la tiranía del diablo, porque viniste a salvarnos. Confesamos tu gracia; proclamamos tu misericordia; no escondemos tu beneficencia. Libertaste a los hijos de nuestra naturaleza; por tu nacimiento santificaste el seno de la Virgen. Toda la creación canta tus alabanzas, Tú que te manifestaste. Porque Tú, Dios nuestro, apareciste en la tierra y habitaste entre los hombres. Santificaste las corrientes del Jordán, enviando desde el cielo a tu santísimo Espíritu, y aplastaste la cabeza de los dragones que allí habitaban.

Luego el sacerdote traza la señal de la cruz tres veces sobre el agua diciendo cada vez:

Por tanto, Rey que amas a los hombres, está presente ahora, por el descenso de tu Espíritu Santo, y santifica esta agua.

Y concédele la gracia de la redención, la bendición del Jordán. Haz de ella una fuente de incorrupción, un don de santificación. una remisión de pecados, un remedio de enfermedades, una destrucción de demonios, inaccesible a las potestades hostiles, llenada de poder angelical, a fin de que sea para los que la reciban y la tomen para purificación de sus almas y cuerpos, para curaci6n de las pasiones, para santificación de sus hogares y para todo buen propósito. Pues Tú eres nuestro Dios, que por el agua y el Espíritu, renovaste nuestra naturaleza envejecida por el pecado. Tú eres nuestro Dios, que por el agua ahogaste el pecado en los días de Noé. Tú eres nuestro Dios, que por el mar, por medio de Moisés, libertaste a los hebreos de la esclavitud de Faraón. Tú eres nuestro Dios, que partiste la roca en el desierto de modo que las aguas brotaron y se desbordaron los arroyos, y saciaste a tu pueblo sediento. Tú eres nuestro Dios, que por agua y fuego, por medio de Ellas, volviste a Israel del error de Baal.

Tú mismo, Señor, santifica ahora esta agua por tu Espíritu Santo. tres veces

Concede a todos los que la toquen, con ella se unjan, y participen de ella, santificación, bendición, purificación y salud. Salva, Señor, a nuestros gobernantes fieles y guárdalos en paz bajo tu amparo. Somete bajo sus pies a todo enemigo y adversario; concédeles todas sus peticiones que sean por la salvaci6n y la vida eterna.

Acuérdate, Señor, de nuestro Metropolitano, Nombre, de nuestro Obispo, Nombre, de todo el presbiterio, del diaconado en Cristo, y de toda orden sacerdotal, y de todo el pueblo aquí presente, lo mismo que de nuestros hermanos que están ausentes por causa justa, y ten piedad de ellos y de nosotros, según tu gran piedad. Para que por los elementos, por los ángeles, y por los hombres, por todas las cosas visibles e invisibles, sea glorificado tu santísimo nombre, juntamente con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Coro: Amén.

Sacerdote: Paz a todos. Coro: Y a tu espíritu.

Diácono: Inclinad vuestras cabezas ante el Señor.

Coro: A ti, Señor.

Y el sacerdote, inclinando la cabeza, dice esta oraci6n en voz baja:

Inclina tu oído y escúchanos, Señor, que te dignaste ser bautizado en el Jordán y santificaste las aguas. Bendícenos a todos, quienes por la inclinación de nuestras cabezas señalamos nuestra sumisión, y haznos dignos de ser santificados por participar de esta agua y por ser rociados con ella, para que sea, Señor, para la salud de nuestras almas y cuerpos.

Exclamación: Porque Tu eres la santificación de nuestras almas y cuerpos y te rendimos gloria, gracias y adoración, con tu Padre que es sin origen, y tu Santísimo Espíritu Bueno y Vivificador, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Coro: Amén.

Luego, bendiciendo el agua, trazando la señal de la cruz con la preciosa cruz, el sacerdote la sumerge en el agua y vuelve a levantarla, teniéndola con las dos manos, y cantando este tropario, tono 1:

En el Jordán, al ser bautizado, Señor, se manifestó la adoración de la Trinidad; pues la voz del Padre dio testimonio de ti, nombrándote su Hijo amado. Y el Espíritu, en forma de paloma, confirmó la verdad de su palabra. Cristo Dios nuestro, que te manifestaste e iluminaste el mundo, gloria a ti.

Y lo repite el coro.

Y el sacerdote sumerge la cruz dos veces mas, cantando el tropario cada vez, y el coro lo repite.

Luego el sacerdote toma del agua santificada en un aguamanil y se vuelve cara al occidente. Teniendo la preciosa cruz en la mano izquierda y el asperges en la derecha. Luego todos se acercan, besan la cruz, y el sacerdote los bendice, rociando la cara con el agua santificada. Sigue cantándose el tropario hasta que todos se hayan acercado. Luego entramos otra vez en el templo, mientras que se canta el idiomelo siguiente, tono 6:

Alabemos, fieles, la grandeza de la dispensación de Dios por nosotros, porque el que se hizo hombre por causa de nuestras transgresiones, y es el único puro y libre de mancha, para purificarnos se purificó en el Jordán, para santificarme a mi y las aguas y aplastar las cabezas de los dragones del agua. Tomemos las aguas con gozo, hermanos, porque sobre los que las tomen con fe, se concede invisiblemente la gracia del Espíritu por Cristo el Dios y Salvador de nuestras almas.

Coro: Bendito sea el nombre del Señor desde ahora y para siempre. tres veces

Y el Salmo 33: Bendeciré al Señor en todo tiempo... Y todos beben del agua santificada y reciben el antídoto...

          Y el sacerdote da la despedida:

El que en el Jordán se dignó ser bautizado por Juan por nuestra salvación, Cristo, verdadero Dios nuestro, por la intercesión de su inmaculada Madre, y de todos los Santos, tenga piedad de nosotros y nos salve, porque es bueno y ama a los hombres.

              La Bendición de los Hogares:

Uno de los signos mas importantes de la divina santificación de todo por la Epifanía de Cristo en el mundo y por su bautismo en el Jordán, es el rito de la bendición de los hogares de los fieles. En la festividad de la Epifanía, el sacerdote visita a todos los miembros de la Iglesia para rezar con ellos en el lugar donde viven, y para bendecirlo con el agua santificada.

Según la fe ortodoxa, la familia es una iglesia pequeña, y la mesa familiar es el altar doméstico, donde se reúne toda la familia todos los días para recibir su pan de cada día de Dios con gratitud en el nombre de Cristo. Así, en el tiempo de la Epifanía, el sacerdote, que es el padre de la familia de Dios, la comunidad de la Iglesia, viene a todas las iglesias pequeñas, trayendo la bendición de Dios Padre a todos los que son hermanos en Cristo.

La santificación del hogar se efectúa no sólo por medio de las oraciones, sino también por el asperges del agua bendita, la que significa, como ya hemos visto, la nueva creación del Reino de Dios, en la que Dios mismo "llena todas las cosas de si mismo" - hasta todas las cosas de la existencia material.

Durante la visita anual del sacerdote, ruega a Dios que tenga misericordia de la casa, que la limpie de todo mal, y que la llene de bendiciones. Todos rezan juntos por el bien de los vivos y de los muertos de la familia, y de todos los que viven y han vivido en la casa. Todos cantan juntos el gran himno de la salvación: Cristo, el Hijo del Padre, por la gracia del Espíritu Santo, "se ha manifestado y ha iluminado el mundo." Así que la casa misma, y todas las personas que viven en ella son "llenados de toda la plenitud de Dios."


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Sunday, January 1, 2017

la Venida el Anticristo ( Hieromonje Seraphim Rose )

 
 “Aquel que ha detenido la aparición en el mundo del Anticristo, el hombre de la iniquidad y anarquía, el último y más poderoso enemigo de Cristo y su Iglesia, es -de acuerdo a la enseñanza de San Juan Crisóstomo y otros Padres de la Iglesia- la legitima autoridad, tal como como fue representada y simbolizada por el Imperio Romano. Esta idea fue supremamente encarnada en el Imperio Cristiano: primero en Bizancio, cuando Constantinopla era la segunda Roma, y luego en el Imperio Ruso Ortodoxo, cuando Moscú fue la Tercera Roma. En 1917 la “Era Constantiniana” ha venido a su fin, el Imperio Ortodoxo ha sido derrocado-y el mundo, comenzando con Moscú, ha sido arrojado a una era de ausencia de leyes y ateísmo (y en la vida cristiana, de apostasía) como no se ha visto antes. El Zar Nicholas II fue el último representante de este ideal de legítima autoridad cristiana, y la era de ausencia de leyes ha comenzado apropiadamente con su asesinato. Para los cristianos ortodoxos, sin embargo, la nueva era comienza con un mártir: un testigo para la Iglesia Ortodoxa, fiel hasta el fin a su Iglesia y su sagrada vocación... El fenómeno mismo del Zar-Mártir es una fuente de inspiración para los cristianos ortodoxos. Pero ésta es sólo parte de la significancia ortodoxa de Nicolás II. Su piedad personal y carácter cristiano, y su activo papel como un Zar que ha promovido un verdadero renacimiento ortodoxo, haciéndose el último y uno de los más grandes representantes de la tradición monárquica ortodoxa”

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El teatro calma la vida cristiana para dormirla ( San Juan de Kronstadt )



El teatro calma la vida cristiana para dormirla, destruirla, comunicando a la vida de los cristianos el carácter de la vida de los paganos. “Sintieron sueño y se durmieron” (Mateo 25:5); este desastroso sueño se produce, entre otras cosas, también por el teatro. ¿Y qué más?. Las ciencias, enseñadas en el espíritu del paganismo, la preocupación mundana llevada hasta el exceso, el amor a las ganancias, la ambición y la sensualidad. El teatro es la escuela de este mundo, y del príncipe de este mundo, esto es, el maligno, pero a veces él se transforma en ángel del luz para poder tentar más fácilmente a la gente que no prevé y no se prepara, e introduce a veces una moral aparente en el escenario, y esto se hace para que todos puedan proclamar y decir que el teatro es una institución moral, y que no es menos digno de frecuentar que la iglesia, e incluso, tal vez más, porque en la iglesia todo es lo mismo, mientras que en el teatro hay variedad de obras, escenarios, vestuario y actores.




Muchos hombres, no sólo soportan la carga del maligno con gusto y voluntariamente en sus corazones, sino que se acostumbran tanto que a menudo no la sienten, e incluso se incrementa imperceptiblemente. Sin embargo, a veces el maligno aumenta su peso por diez, y entonces se vuelven terriblemente abatidos y desanimados, murmuran y blasfeman incluso contra el nombre de Dios. Los medios habituales que los hombres de nuestro tiempo toman para alejar su angustia son: los entretenimientos, las cartas, los bailes y los teatros. Pero tales medios aumentarán después incluso más la angustia y el agotamiento de sus corazones. Si de forma feliz se vuelven a Dios, entonces Él quitará el peso de sus corazones, y claramente verán que previamente esa pesada carga yacía en su corazón, aunque frecuentemente no la notaban. ¡Ay, cuántos hombres hay que han “abandonado (a Dios), la Fuente del agua viva, y lanzaron este agua por la cisterna, por cisternas rotas, que no pueden contener agua (viva)!”. Los hombres tienen muchas de estas cisternas; casi todo el mundo tiene la suya propia. Las cisternas rotas son nuestros corazones, nuestras pasiones….

De “Mi vida en Cristo”, San Juan de Kronstadt.

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Monday, December 26, 2016

Los Santos Testigos de la Verdad. ( Los Sacrificios de los Santo Mártires )

 Cuando un fiel entra a una Iglesia Ortodoxa, inmediatamente se encuentra en una atmósfera muy diferente a la que él está acostumbrado. La razón es que él se ve rodeado por imágenes de ángeles y santos, reconociendo en estas imágenes a personas de diferentes nacionalidades, épocas, nivel social y educacional. En estas imágenes podemos reconocer a príncipes, campesinos, ricos, pobres, sabios y gente sin educación formal. Pero lo que muchos de ellos tienen en común es que fueron obligados a dejar este mundo en una forma violenta, significando que ellos murieron como "mártires" por Cristo. Cuando en la antigüedad se usaba la palabra "martis," en el idioma griego significaba "testigo." Nosotros queremos hablar aquí sobre el significado del martirio por Cristo.

El significado corriente de la palabra "Mártir," es "Testigo," o sea, lo que vio o escuchó una persona y de acuerdo a eso, presenta su testimonio. Las decisiones de una corte se determinan en base del testimonio del defensor y acusador. Del testigo se requiere que él responda únicamente basándose en lo que observó y no en sus propias opiniones o suposiciones. Él debe presentar solamente el hecho. El cristiano se convierte en "testigo" de la fe cuando por medio de la palabra y el ejemplo de su vida, testifica una nueva vida en Cristo. El objeto del testimonio no es superficial, más bien es la experiencia espiritual interior.

Las Santas Escrituras denominan a Jesucristo como al "Mártir Justo" (Rev. 1:5; 3:14). Después de Pentecostés, los testigos son Sus discípulos: los apóstoles y los predicadores del Evangelio (Hechos 1:8 y 1:22; 1 Pedro 5:1; Rev. 2:13 y 6:9).

Esta es la forma en la cual el Señor se expresaba con respecto al propósito de Su venida al mundo: "Díjole entonces Pilato: ¿Luego rey eres tú? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquél que es de la verdad, oye mi voz" (Juan, 18:37; 8:32). La verdad sobre la cual testificaba el encarnado Hijo de Dios, no era una enseñanza filosófica abstracta, pero sí una revelación Celestial de Aquel que escuchó de Su Padre y vio en el mundo espiritual, de donde Él vino. Él nos revelaba todo como un Ser que tiene una enorme sabiduría y experiencia, y conoce muy bien la vida de los seres beatos en el Reino de Su Padre.

Aquellos que recibían Su testimonio estando aún en esta vida pasajera, eran unidos por Él a la vida beata de acuerdo a sus capacidades, anticipadamente, otorgándoles el sabor de la felicidad mediante la unión con Dios, y haciéndoles sentir una cálida y vivificante luz celestial. Aquella gente que conoció la beatitud de Dios, sola se convertía en testigo de Jesucristo por medio de la palabra y una vida virtuosa.

Para los apóstoles la experiencia espiritual se sentía muy profundamente. San Juan escribía con respecto a sí mismo y a los demás apóstoles lo que ellos experimentaban por medio de la cercanía con Cristo: "Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos mirado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida; (Porque la vida fue manifestada, y vimos, y testificamos, y os anunciamos aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y nos ha aparecido). Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros: y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Y estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido" (1 Juan 1:1-4).

Si Jesucristo hubiese ofrecido únicamente ideas abstractas, estas ideas hubiesen sido recibidas pasivamente sin despertar drásticas divisiones dentro de la sociedad, lo que se observa en la historia cristiana. Las palabras de Jesucristo, como una fuerte luz, penetran en las tinieblas del alma del pecador, descubren delante de él toda la pobreza moral juntamente con las llagas arraigadas de su alma. Por esta razón, creer en Jesucristo y aceptar Su enseñanza, lleva inmutablemente a la reconstrucción de la ideología y a un cambio radical de la vida. Al mismo tiempo, esta luz espiritual profundiza más y más en los laberintos del alma del pecador, derrama un benéfico bálsamo, curando las heridas e infundiendo en la persona una fuerza moral vivificante, inspirándolo hacía una vida virtuosa. A medida de que la persona se purifica y se perfecciona moralmente, la benevolencia de Dios se experimenta con más intensidad. Delante de sus ojos espirituales se abren nuevos horizontes, comienza a entender con más profundidad la esencia de la vida espiritual, la vanidad y la mentira de la sociedad que la rodea y con más visibilidad toma el rumbo hacia la meta correcta y a las acciones positivas. Luego, basándose en la experiencia propia, finalmente comprende cuánto mejor y más hermoso es el deseo de una vida llena y perfecta con Dios en comparación con el estado interior vacío y oscuro. En verdad, el Reino de Dios se transforma para el fiel en un tesoro inestimable (Mat. 13:44) por el cual, para adquirirlo, él sacrifica todo lo que posee, incluyendo la vida.

Lamentablemente, no todos son capaces de ver la luz, no todos encuentran en sí las suficientes fuerzas para separarse de las malas costumbres, abnegar los bienes materiales para la renovación del alma. Por medio de los relatos evangélicos nos daremos cuenta que desde el primer día que el Señor comenzó a pronunciar Sus sermones, la sociedad humana comenzó a dividirse en dos grupos: aquellos que con alegría recibían la palabra de Cristo, y aquellos que se negaban a aceptarla. Más aún, existían aquellos que muchas veces no sólo ignoraban lo que el Señor les decía, sino se revelaban en contra de Él con odio e indignación. El Salvador así nos explica estas situaciones: "Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, porque sus obras no sean reprendidas. Mas el que obra verdad, viene a la luz, para que sus obras sean manifestadas, que son hechas en Dios" (Juan 3:20-21). En otras palabras, la enseñanza del Salvador posee la cualidad de abrir la verdadera disposición de la persona, sus ambiciones y preferencias secretas. La persona que era espiritualmente neutra y escuchó luego el sermón evangélico, no puede ya permanecer indiferente, o será Su discípulo, o Su enemigo.

El odio de los escribas y líderes religiosos hebreos hacia Jesucristo progresivamente aumentaba. Finalmente, este odio culminó en el juicio donde ellos lo calumniaron, sentenciaron a la muerte y luego consiguieron el permiso de Pilato para crucificarlo. De esta forma, el primer Testigo de la fe (Rev. 1:5), se transformó en el primer Mártir por ella. Pero Él mismo, por medio de Su resurrección, venció al demonio, el cual es el fundador y líder de la calumnia y de la muerte, convenciendo a todos que tarde o temprano la virtuosidad siempre triunfará.

La resurrección de Jesucristo y el descenso del Espíritu Santo eran aquellos dos famosos acontecimientos que definitivamente convencieron a los apóstoles en la veracidad de todo aquello que el Señor Jesucristo les legó y, como testigos de los acontecimientos evangélicos, decidieron dedicar sus vidas a la propagación de la fe de Cristo. Sus sermones, para ellos, eran como un testimonio de aquella vida beata que recibieron en Cristo. Así como durante la vida del Señor Su enseñanza atraía a unos y repelaba a otros, de la misma forma sucedía en los siglos consiguientes, dispersándose por diferentes países, como si dividiera a la gente en dos grupos. "No penséis que he venido para traer paz en la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para hacer disensión del hombre contra su padre, y de la hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra," predijo el Divino fundador de la fe (Mat. 10:34-35).

La primer persona que murió por su fe en Cristo fue el diácono Esteban, el cual murió apedreado detrás de las paredes de Jerusalén muy pronto después del descenso del Espíritu Santo. Con el tiempo, en diferentes países y en diferentes circunstancias, murieron por la fe de Cristo sus discípulos y apóstoles. Por lo visto, el último que falleció por causas naturales, era el apóstol Juan, por su valor, firmeza y fidelidad con respecto a la Cruz del Señor.

Nerón (54-68) fue el primer emperador romano que comenzó una persecución masiva y sistemática de los cristianos. Durante su reino fueron ejecutados en Roma los apóstoles Pedro y Paulo. Los cristianos eran entregados a los circos para el entretenimiento de los romanos. En el circo los sometían a diferentes torturas, como por ejemplo, ser devorado por animales salvajes, o ser sumergidos en brea caliente, o encendidos como antorchas para alumbrar la ciudad.

San Justino, el filósofo, escritor (2º siglo), que también terminó su vida como mártir, ilustra en el siguiente relato cómo prácticamente el cristianismo dividió la sociedad, comenzando por la familia. En la ciudad donde él vivía, escribe San Justino, una mujer pagana se convirtió en cristiana. Debido a esto su esposo, siendo pagano, se llenó de odio hacía ella y se quejó a la corte regional. En vista que nada bueno esperaba a la mujer, ella consiguió una prorrogación del juicio para poder arreglar los asuntos de sus bienes. Mientras ella arreglaba sus asuntos, su esposo atrajo al juicio a un tal Ptolomeo, el cual, como él se enteró, introdujo a su esposa al cristianismo. Ptolomeo fue interrogado en el juicio, y cuando él reconoció enfrente de todos su fe cristiana, el juez lo condenó a la pena de muerte. En ese momento, dos personas que presenciaban el juicio comenzaron a protestar diciendo: "¿cómo puede ser que una persona honesta pueda ser sentenciada a muerte nada más que por sus convicciones religiosas?." El juez interrogó a los que protestaban para averiguar si ellos también pertenecían a la fe cristiana. Cuando ellos le respondieron que sí, él los condenó a muerte. Así sucedió mientras se preparaba el caso en contra de la mujer cristiana; tres cristianos perdieron sus vidas. Finalmente la mujer fue enjuiciada y condenada a muerte.

Todo comenzó, como explica San Justino, que la mujer, convirtiéndose en cristiana, no quiso participar más en los perversos placeres corporales de su esposo, considerándolos repulsivos, (2ª Apología de Justino al Senado Romano).

Aunque por nombre se conocen nada más que varios miles de mártires, en realidad, esta cantidad llega a los millones.

Las persecuciones de los cristianos nunca cesaban completamente, únicamente aumentaban o disminuían y cambiaban de un sitio a otro. Hubo ciertos períodos donde las persecuciones eran muy intensas y pesadas para los fieles. En los tres primeros siglos de la era cristiana las persecuciones eran encabezadas, en la mayoría, por los emperadores romanos. Después de un período comparablemente tranquilo, comenzó una nueva ola de persecuciones sangrientas iniciadas por los musulmanes árabes en los siglos 7–9; luego son remplazadas por los turcos en los siglos 13–18 (debemos mencionar sobre el contraste de los métodos que usaban los musulmanes para la propagación de su fe, en comparación de los métodos cristianos). Los apóstoles se acercaban a la gente con una palabra llena de amor; ellos estaban llenos de humildad y muchas veces fueron víctimas de parte de los incrédulos. Los musulmanes propagaban su religión por medio del fuego y la espada desde el primer día de su fundación. Finalmente, en las primeras décadas del siglo 20, con toda su fuerza y enfurecimiento, se dirigen en contra de los fieles — los ateos-comunistas. Debemos mencionar que cada persecución consecutiva era más cruel y sangrienta que la precedente. Las Santas Escrituras predicen persecuciones aún más terribles antes del fin del mundo.

De esta forma, la guerra en contra de la fe cristiana continúa durante toda la historia del Nuevo Testamento. Como explican las Santas Escrituras, la guerra es encabezada por medio del espíritu caído, el antiguo dragón que se considera el príncipe y líder de este mundo.

Pero habiendo sufrido la muerte física, los testigos de Cristo no padecieron. Todo lo contrario, ellos, como Él, triunfaron espiritualmente y ahora reinan con Él en el Cielo (Rev. 3:21).

Las condiciones en las cuales murieron los predicadores de la fe son muy individuales. Pero lo que tienen ellos en común es que el Señor Jesucristo y la vida plena de gracia que ellos recibieron por medio del cristianismo, fue lo más importante en sus vidas. "El cristiano es más capaz de entregar su vida por la fe, que un pagano entregar un pedazo de su manto por sus ídolos" escribió Orígenes (Carta a Selsios 7:39, cap. 182-215). Para ellos abjurar a Cristo y Su enseñanza significaba rechazar lo más valioso, o sea, privarse de Dios y de la vida eterna. La idea de rendirse enfrente del mal y la calumnia con el propósito de asegurarse la existencia en esta vida terrenal insignificante, era recibida por los fieles como una terrible tragedia.

El martirio cristiano se distingue en su esencia con la abnegación de los fanáticos. El fanatismo es una ciega adicción o apego a una idea. Los fanáticos son capaces de entregar sus vidas para comprobar una idea. Por ejemplo: los monjes budistas se incendiaban ellos mismos para llamar la atención de la sociedad con respecto a sus problemas sociales. El cristianismo prohibe el suicidio, considerándolo un pecado mortal que no tiene perdón de Dios. "Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid a la otra" (Mat. 10-23). Los mártires no morían para comprobar una convicción o idea, sino, porque ellos no querían perder la vida espiritual de la Gracia, recibida en Jesucristo. La vida eterna en el Cielo era más valiosa para ellos que la vida física y temporal aquí en la tierra.

"Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia" (Filip. 1:21), decía el apóstol Paulo. Él aconsejaba a los cristianos que ellos reciban las persecuciones por Cristo con alegría, como un honor y razón para recibir en el Paraíso más recompensa: "Porque a vosotros es concedido, por Cristo, no sólo que creáis en Él, sino también que padezcáis por Él" (Filip. 1:29).

Sabiendo muy bien todos los sufrimientos a los que serán sometidos Sus seguidores, el Señor Jesucristo los prepara con las siguientes palabras:

"He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Y guardaos de los hombres: porque os entregarán en concilios, y en sus sinagogas os azotarán; Y aún a príncipes y a reyes seréis llevados por causa de mí, por testimonio a ellos y a los Gentiles... Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar; temed antes a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno... Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos. No penséis que he venido para traer paz en la tierra: no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para hacer disensión del hombre contra su padre, y de la hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su casa" (Mat. 10:16-42).

Viendo la fe inquebrantable de los cristianos y esa firmeza con la cual ellos iban a los sufrimientos y a la muerte, muchos paganos se convencían de la veracidad de la fe cristiana, y se convertían también en cristianos. Comunican una gran verdad las palabra de Tertuliano (escritor del tercer siglo), que "La sangre de los mártires es semilla de los nuevos cristianos."

Los cristianos mártires son testigos de los dones eternos, de la riqueza espiritual y de la verdadera vida. Habiendo dejado este mundo penoso, ellos disfrutan ahora de la indescriptible vida feliz enfrente del Trono del Todopoderoso, de la misma manera como se le manifestó al apóstol Juan:

"Después de estas cosas miré, y he aquí una gran multitud, la cual ninguno podía contar, de todas gentes y linajes y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y palmas en sus manos; Y clamaban en alta voz diciendo: Salvación a nuestro Dios que está sentado sobre el trono, y al Cordero. Y todos los ángeles estaban alrededor del trono, y de los ancianos y los cuatro animales; y postráronse sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios diciendo: Amén: La bendición y la gloria y la sabiduría, y la acción de gracias y la honra y la potencia y la fortaleza, sean a nuestro Dios para siempre jamás. Amén. Y respondió uno de los ancianos diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido? Y yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han venido de grande tribulación, y han lavado sus ropas, y las han blanqueado en la sangre del Cordero" (Rev. 7:9-17).



Por medio del sacrificio los mártires de Cristo testifican la real existencia de las riquezas espirituales y la existencia de otra vida que es incomparablemente mejor que la nuestra. Ellos nos llaman a batallar firmemente con la maldad, querer a Dios y estar consiente de la dicha de tenerlo a Él en nuestras almas. Por medio de las oraciones de los santos mártires, pediremos que Dios nos dé una sólida fe y firmeza, tan indispensable para el alcance de aquel desembarque tranquilo hacia el Reino de Dios.
 
Obispo Alejandro (Mileant)

Catecismo Ortodoxo 

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Akathisto a San Alexander Nevsky



Bendito sea nuestro Dios ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Si no hay Sacerdote: Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.


Gloria a Ti, Dios Nuestro, Gloria a Ti.

Rey del Cielo, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todo lugar, y que todo lo llenas, Tesoro de bienes y Dador de la Vida, ven y haz de nosotros tu morada, purifícanos de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros

Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por tu nombre.

Señor, ten piedad, Señor, ten piedad, Señor, ten piedad

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Majestad, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo; el pan sobreesencial dánosle hoy, perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos introduzcas en la tentación, mas líbranos del maligno.

Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Salmo 50

Ten piedad de mí, oh Dios según Tu gran piedad
y según la multitud de Tus misericordias borra mi iniquidad.
Acaba de lavarme de mi injusticia y purifícame de mi pecado.
Porque conozco mi injusticia y mi pecado está siempre ante mí.
Contra Ti solo he pecado y lo malo he hecho ante Ti,
para que seas justificado en Tus palabras
y venzas cuando se Te juzgue.
Pues he aquí, fui concebido en iniquidades
y en pecados me apeteció mi madre.

Pues he aquí, amaste la verdad,
lo desconocido y oculto de Tu sabiduría me manifestaste.
Me rociarás con hisopo y seré purificado,
me lavarás y más que nieve blanquearé.

Me enseñarás alborozo y alegría
y mis huesos humillados se alborozarán.
Aparta Tu faz de mis pecados y borra todas mis iniquidades.

Crea en mí un corazón puro, oh Dios
y un espíritu recto renueva en mis entrañas.
No me arrojes de Tu faz y Tu Espíritu Santo no me quites.

Devuélveme el alborozo de Tu salvación
y afiánzame con Tu Espíritu príncipe.
Enseñaré a los inicuos Tus sendas
y los impíos se convertirán a Ti.

Líbrame de sangres, oh Dios, Dios de mi salvación
y exultará mi lengua en Tu justicia.
Oh Señor, abrirás mis labios y mi boca anunciará Tu alabanza.

Porque si hubieras querido sacrificio Te lo daría.
En holocaustos no Te complacerás.
El sacrificio a Dios es un espíritu contrito,
un corazón contrito y humillado, Dios no despreciará.

Haz bien, Señor, en Tu beneplácito a Sión
y edifíquense los muros de Jerusalén.
Entonces Te complacerás en sacrificio de justicia,
oblación y holocaustos,
entonces ofrecerán becerros sobre Tu altar.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Salmo 142

Señor, escucha mi oración, presta oído a mi súplica según tu fidelidad; óyeme por tu justicia, y no entres en juicio con tu siervo, porque ningún viviente es justo delante de Ti. El enemigo persigue mi alma, ha postrado en tierra mi vida; me ha encerrado en las tinieblas, como los ya difuntos. El espíritu ha desfallecido en mí, y mi corazón está helado en mi pecho. Me acuerdo de los días antiguos, medito en todas tus obras, contemplo las hazañas de tus manos, y extiendo hacia Ti las mías; como tierra falta de agua, mi alma tiene sed de Ti. Escúchame pronto, Señor, porque mi espíritu languidece. No quieras esconder de mí tu rostro: sería yo como los que bajaron a la tumba. Hazme sentir al punto tu misericordia, pues en Ti coloco mi confianza. Muéstrame el camino que debo seguir, ya que hacia Ti levanto mi alma. Líbrame de mis enemigos, Señor; a Ti me entrego. Enséñame a hacer tu voluntad, porque Tú eres mi Dios. Tu Espíritu es bueno; guíame, pues, por camino llano. Por tu Nombre, Señor, guarda mi vida; por tu clemencia saca mi alma de la angustia. Y por tu gracia acaba con mis enemigos, y disipa a cuantos atribulan mi alma, porque soy siervo tuyo.


Akathisto a San Alexander Nevsky.

kontaquio I.

Dedicando himnos de alabanza al santo y recto creyente, el gran príncipe Alexander Nevsky, el capitán elegido de la tierra rusa, el espléndido adorno de la Iglesia Ortodoxa, que por la fe venció a los enemigos visibles e invisibles, y que en su fe mostró amor fraternal y afección, y, que como dijo el apóstol, a su fe añadió virtud, a la virtud, conocimiento, al conocimiento, templanza, y a la templanza, piedad, clamémosle con compunción y júbilo:

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Ikos I

Ahora estás con los ángeles y todos los santos ante Cristo, oh bendito Alexander, suplicando por los que te honran con amor. Por eso, conscientes de que, habiendo amado a Cristo desde tu infancia, te afanaste en espíritu hacia el cielo, emulando la vida de los incorpóreos, te bendecimos, clamando:

Alégrate, vástago de una piadosa raíz.

Alégrate, heredero de la excelente fe de tus antepasados.

Alégrate, emulador de las virtudes de tu padre, amante de Dios.

Alégrate, heredero de la devoción y la mansedumbre de tu madre.

Alégrate, tú que guías hacia el cielo al rebaño amante de Cristo.

Alégrate, amigo de todos los siervos de Dios en esta vida y conversador con los amantes de la piedad.

Alégrate, miembro del divino coro radiante de los venerables.

Alégrate, invencible confesor de la fe de Cristo.

Alégrate, mártir voluntario, que ahora estás unido al coro de la justa y victoriosa compañía de los mártires.

Alégrate, proclamador virginal de la esperanza y el amor cristiano para todos nosotros.

Alégrate, amante del magnífico mandato de la Iglesia.

Alégrate, coheredero con los fieles hijos de la Iglesia y los elegidos de Dios.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!


Kontaquio II

Contemplando la hermosura de tu rostro y tu estatura corporal, el pueblo de Novgorod se alegró y glorificó a Dios, y conscientes de tus virtudes, que son más resplandecientes que el sol, oh bienaventurado Alexander, cantamos al Señor, que te ha glorificado: ¡Aleluya!.

Ikos II

Oh divinamente sabio Alexander, tú comprendiste que la vida de este mundo es pasajera, y que sólo es necesaria una cosa para los hombres: complacer a Dios. Por eso, desde tu infancia, te alejaste del amor del mundo y de las cosas terrenales y, deseando adquirir en esta vida las cosas celestiales, te apresuraste a servir al Señor como un siervo fiel durante toda tu vida. Por eso, te clamamos:

Alégrate, oh luchador por la fe, que preferiste complacer a Dios sobre todas las cosas.

Alégrate, tú, que como Abraham, viviste toda tu vida de forma irreprochable ante Dios.

Alégrate, tú, que mostraste la obediencia de Isaac.

Alégrate, tú, que anduviste por el camino de la humildad de espíritu de Jacob.

Alégrate, tú que adquiriste la pureza y la castidad de José.

Alégrate, tú que mostraste el amor de Moisés por tu propio pueblo.

Alégrate, tú que, como Samuel, te preservaste sin mancha de avaricia.

Alégrate, tú que venciste a tus enemigos con la mansedumbre de David.

Alégrate, tú que emulaste la fe ardiente de Pedro.

Alégrate, tú que con Pablo, te esclavizaste bajo el yugo de Cristo.

Alégrate, tú que, por tu esfuerzo constante del estudio de la Palabra de Dios, acumulaste el divino conocimiento de Juan.

Alégrate, tú que reuniste en ti las virtudes de muchos santos.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio III

Por el poder de la Fe, adquiriste una filosofía elevada, oh bendito Alexander, por lo cual, desdeñando la carne, cuidaste de tu alma inmortal. Así, bendiciéndote por ser uno de los que han adquirido la inmortalidad, clamamos a Cristo, que te ha glorificado: ¡Aleluya!

Ikos III

Teniendo siempre al Señor ante tus ojos, viviste sobriamente, oh bienaventurado Alexander, y realizando todo lo que hiciste para gloria de Dios, complaciste a Dios, ante quien estás ahora junto a los coros de aquellos que le complacieron desde antaño. Por eso, alegrándonos en ti, te clamamos:

Alégrate, luchador por la verdadera sobriedad.

Alégrate, amante de la contemplación salvadora.

Alégrate, nuestro guía en el esfuerzo por alejarnos del mundo.

Alégrate, adquisidor del perfecto don de la atención vigilante en ti.

Alégrate, firme oponente ante todo deseo irracional.

Alégrate, buen atleta de la piedad, que sobresaliste en discernimiento y labor.

Alégrate, pues por el poder de la oración venciste a las tentaciones del maligno.

Alégrate, pues te protegiste del pecado reflexionando sobre las cosas postreras.

Alégrate, pues con toda tu alma deseaste habitar en las moradas celestiales.

Alégrate, pues sobresaliste por tu deseo de permanecer en oración ante Dios.

Alégrate, pues santificaste tu vida con la invocación continua del nombre de Dios.

Alégrate, pues complaciste al Señor en todo.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio IV

El enemigo levantó una tormenta de tentaciones contra ti, oh bienaventurado Alexander, pero las venciste con el poder de la gracia de Cristo. Por eso, habiendo llegado al refugio tranquilo, con los coros de los que fueron probados en el mundo, y habiendo vencido al mundo, clamaste a Cristo: ¡Aleluya!

Ikos IV

Habiendo escuchado a Pablo, que dijo: “Todo el que entra en la liza se modera en todo” (1ª Corintios 9:25), lo consideraste todo como podredumbre, oh bendito Alexander, para poder obtener a Cristo. Y por las luchas de tu propia abnegación y compromiso por las buenas obras, adquiriste la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Por eso, bendiciéndote, te clamamos:


Alégrate, pues te has mostrado como un ejemplo de abnegación.

Alégrate, pues nos has enseñado a llevar la Cruz siguiendo a Cristo.

Alégrate, pues pisoteaste la carne y sus pasiones y las lujurias bajo tus pies.

Alégrate, pues por tu vida denunciaste la vanidad del mundo.

Alégrate, pues alejaste de ti todo apego mundano apasionado.

Alégrate, pues hiciste de tu razón esclava de tu fe.

Alégrate, pues por tu voluntad tomaste el yugo ligero de los mandamientos de Cristo.

Alégrate, pues guardaste tu corazón puro de toda pasión espiritual perniciosa.

Alégrate, pues te sometiste a Dios más perfectamente.

Alégrate, pues serviste a Dios durante toda tu vida.

Alégrate, pues, guardando los mandamientos, obtuviste para ti el amor de Dios.

Alégrate, pues recibiste la herencia del reino complaciendo a Dios.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!


Kontaquio V

Pasaste por el mundo como una estrella divinamente guiada, oh bienaventurado Alexander, resplandeciendo con gloria y virtud. Por eso, con los coros de los justos, resplandeces ahora en el cielo con gloria, y con ellos, cantas por siempre a Cristo: ¡Aleluya!.

Ikos V

Viendo que nunca fuiste vencido en la batalla, sino que siempre salías victorioso, oh bendito Alexander, los infieles se atemorizaban al escuchar tu nombre, y recordando tu valor, que estaba lleno de fe, te bendecimos, diciendo:

Alégrate, valiente campeón de la defensa de la Fe y de la Iglesia.

Alégrate, bravo defensor de tu patria.

Alégrate, sabio ahuyentador de los asaltos del enemigo.

Alégrate, poderoso guardián de la paz para los indefensos.

Alégrate, glorioso conquistador del ejército sueco en las orillas del Neva.

Alégrate, preservador de la seguridad de todas las tierras de Rusia.

Alégrate, destructor de las malignas maquinaciones de los infieles extranjeros que luchan contra nuestra patria.

Alégrate, establecedor divinamente fortalecido de las leyes de la justicia.

Alégrate, libertador de Pskov, la ciudad natal de Santa Olga.

Alégrate, pacificador de los que odian la paz.

Alégrate, subyugador de los insensatos disturbios de los lituanos, en aquellos días.

Alégrate, sabio líder de tus ejércitos, amantes de Cristo, en todas tus batallas.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio VI

Te mostraste como un predicador de la mansedumbre y la tolerancia tras tus gloriosas victorias, oh bienaventurado Alexander. Y por eso, has obtenido la doble corona de Cristo el Rey, ante quien estás ahora, clamando: ¡Aleluya!

Ikos VI

Fuiste espléndido más allá de toda valentía en la paciencia que adquiriste, oh bendito Alexander, esperando en Jesús Cristo, el Autor y Perfeccionador de la Fe, que en lugar de gozo, padeció la Cruz. Por eso, alabándote, te clamamos con solemnidad:

Alégrate, pues perseveraste en las luchas por servir a Dios hasta el fin.

Alégrate, pues emulaste fielmente la paciencia de Cristo.

Alégrate, pues sabiamente entendiste el poder de los mandamientos de Cristo para amar a los enemigos.

Alégrate, pues mostraste verdadero amor por aquellos que pecaron contra ti y con los que liberaste.

Alégrate, pues reconociste claramente los ardides del maligno en las pruebas impuestas en ti y en tu propio pueblo.

Alégrate, pues pisoteaste la maldad de enemigo bajo tus pies partiendo pacíficamente de tu propia tierra.

Alégrate, pues percibiste las maquinaciones del maligno durante toda tu vida.

Alégrate, pues venciste todo mal con el bien, siguiendo las palabras de los apóstoles.

Alégrate, pues en el momento en que Novgorod necesitó tu ayuda, fuiste de nuevo capaz de ayudar a esta cuidad, aunque te maltrató.

Alégrate, pues de este modo obtuviste el amor ardiente de tu pueblo.

Alégrate, pues sobrellevaste confiadamente las visitaciones de Dios: la enfermedad y la privación.

Alégrate, pues obtuviste del Señor una espléndida corona.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!


Kontaquio VII

Deseando hacer resplandecer en ti todas las virtudes, oh bienaventurado Alexander, Cristo el Maestro te llamó a servir a Su pueblo en un tiempo de prueba, y tú tuviste humildad y paciencia, por lo cual, has sido exaltado, y ahora estás ante Dios cantando el himno: ¡Aleluya!

Ikos VII

Maravilloso fue contemplar cómo el invencible capitán rendía homenaje humildemente a los incrédulos a los que el Señor había enviado contra Su pueblo a causa de sus pecados, y también es maravilloso recordar tu invencible humildad, oh bendito Alexander, con la que complaciste al Señor y salvaste a tu pueblo. Por eso, te cantamos con acciones de gracias:

Alégrate, imitador de la humildad del Señor.

Alégrate, maestro del respeto debido a las autoridades establecidas por Dios.

Alégrate, enemigo de toda vanagloria.

Alégrate, trabajador incansable por la verdadera obediencia.

Alégrate, modelo de verdadero servicio a Dios para todos.

Alégrate, instructor de los gobernantes para un liderazgo sobre el pueblo, complaciente a Dios.

Alégrate, guía de los sometidos a obediencia a las autoridades debidamente establecidas, que son dispuestas por Dios.

Alégrate, pues hiciste repetidos viajes hacia los impíos por el bien de tu pueblo, contando como nada las humillaciones a las que te sometían.

Alégrate, pues clamando a Dios, no tuviste temor de ir ante Batu y cumplir sus mandatos.

Alégrate, pues repetidas veces aceptaste temibles responsabilidades por las rebeliones irreflexivas de tu pueblo.

Alégrate, pues protegiste a tu pueblo de las dañinas relaciones espirituales con los infieles.

Alégrate, pues salvaguardaste sabiamente en tu tierra los espléndidos hechos y tradiciones de tus padres.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio VIII

Viviste toda tu vida en la tierra como un extranjero, oh bienaventurado Alexander, sin conocer descanso en tus trabajos y sin tener cuidad permanente, sino buscando la que es futura. Por eso, oh bendito, ahora has hecho tu morada en las mansiones eternas, cantando continuamente a Dios: ¡Aleluya!

Ikos VIII

Habiendo servido al Señor con toda tu alma, y habiéndolo complacido durante toda tu vida, conseguiste glorificarlo en la piedad. Por eso, te mostraste como un confesor de la Fe de Cristo. Por tanto, recordando tu hazaña de confesión, oh bendito Alexander, te clamamos:

Alégrate, pues no tuviste temor de la maldad de los infieles.

Alégrate, pues no adoraste a las cosas creadas, sino al Creador.

Alégrate, pues no te inclinaste ante el sol y el fuego en el campo de los impíos.

Alégrate, pues guardaste tu Fe en medio de la tentación.

Alégrate, pues no obedeciste el mandato impío.

Alégrate, pues te mostraste como un firme predicador de la Fe ante los incrédulos.

Alégrate, pues regresaste a tu tierra con la doble corona de gloria tras tu confesión.

Alégrate, pues toda tu vida permaneciste fiel a la Fe de tus padres.

Alégrate, pues evitaste sabiamente el engaño de la religión falsa.

Alégrate, pues denunciaste abiertamente la maldad de los predicadores de la falsa enseñanza.

Alégrate, pues se mostraste como un firme defensor de la Ortodoxia.

Alégrate, pues con un discurso sensato triunfaste sobre la falsa elocuencia de los enemigos de la Ortodoxia.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!
Kontaquio IX

Sometiéndote completamente a Dios, Le serviste como un siervo fiel y bueno, oh bienaventurado Alexander, trabajando por tu tierra más que ninguno de los príncipes. Por eso, se te ha concedido entrar en el gozo de tu Señor, ante quien estás ahora, cantando con los ángeles: ¡Aleluya!

Ikos IX

Ni la lengua más elocuente podría alabar las obras que realizaste, sacrificando tu alma por tus hermanos, oh bendito Alexander. Por eso, recordando humildemente tus pruebas, te ofrecemos estos himnos con devoción, diciendo:

Alégrate, sincero amante de la amistad fraterna.

Alégrate, imitador del amor fraternal de Moisés y Pablo.

Alégrate, fiel guardián de los mandamientos del amor de Cristo.

Alégrate, maravilloso instructor del amor por el prójimo.

Alégrate, pues por tu ejemplo te mostraste como pacificador de tus hermanos, que habían llegado a luchar por su herencia.

Alégrate, pues durante toda tu vida mostraste un cuidado diligente por el bien de tu pueblo.

Alégrate, obrador de la paz universal en tus días.

Alégrate, unificador de tu nación, que había sido destruida por el temor de las invasiones tártaras.

Alégrate, verdadero defensor de los indefensos.

Alégrate, alimentador de los pobres hambrientos.

Alégrate, poderoso protector de los huérfanos.

Alégrate, poderoso intercesor ante el Señor, por aquellos que son perturbados y están en necesidad.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio X

Deseando salvar tu alma, y sabiendo que no es posible para aquel que no tiene amor por Dios el recibir la salvación, sin importar cuales sean sus luchas y virtudes, adquiriste la corona de las virtudes, que es el amor a Dios, ante quien estás ahora, cantando con júbilo: ¡Aleluya!

Ikos X

Amando al Rey del cielo con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, oh bendito Alexander, tras múltiples sacrificios hechos con fe y celo, te ofreciste a Él como sacrificio vivo, santo y complaciente a Dios. Por eso, bendiciéndote, te clamamos:

Alégrate, pues durante tu vida serviste la Señor con obras complacientes.

Alégrate, pues coronaste tu vida con los votos del monaquismo.

Alégrate, pues restauraste muchos templos de Dios, que habían sido destruidos por los incrédulos.

Alégrate, pues estableciste santos monasterios, para que pudiera florecer el ascetismo.

Alégrate, pues desde tu infancia amaste a los que luchaban en la piedad por Dios.

Alégrate, pues con un alma pura elegiste de antemano el hábito angélico.

Alégrate, pues hasta el final de tu vida te dedicaste completamente a Dios.

Alégrate, pues te comprometiste más perfectamente con Dios recibiendo el esquema monástico y el nombre de Alexis.

Alégrate, pues por el voto de castidad mostraste la pureza de tu corazón.

Alégrate, pues por el voto de pobreza mostraste la gran estatura de tu espíritu.

Alégrate, pues por el voto de obediencia confirmaste todo tu servicio al Único Dios.

Alégrate, pues a cambio de la corona de príncipe sabio y bueno recibiste la recompensa de un monje.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio XI


En tu sepultura se elevaron himnos fúnebres con lágrimas, oh bienaventurado Alexander; tu pueblo lloró por ti, el sol de la tierra rusa, que fue establecido al mediodía, y susurraron su devoto himno de lamento a Dios, cantando: ¡Aleluya!

Ikos XI

La luz de la gloria del cielo pronto te iluminó, oh bendito Alexander, consolando al pueblo que lloraba. Por eso, viendo signos y maravillas en tu tumba, los hijos de Rusia te invocaron apropiadamente en oración como intercesor. Y conscientes de tu pronta ayuda, te clamamos:

Alégrate, oh elegido de Dios, que en tu propio entierro fuiste glorificado por Dios.

Alégrate, nuestro pronto intercesor, a quien nuestros padres invocaron en tiempo de aflicción y necesidad.

Alégrate, pues ayudaste al príncipe Demetrio Donskoi en combate contra los tártaros.

Alégrate, pues ayudaste al Zar Juan a conquistar el pueblo de Kazan.

Alégrate, pues concedes muchas y diversas curaciones a todos.

Alégrate, pues por tu súplica devuelves la vista a los ciegos.

Alégrate, que concedes andar a los cojos que se postran ante tu tumba.

Alégrate, pues sanas la enfermedad de los paralíticos.

Alégrate, pues concedes la liberación de los demonios a los que están poseídos.

Alégrate, pues con esperanza de salvación das valor a los desesperados.

Alégrate, pues restauras la salud a los que han perdido sus sentidos.

Alégrate, pues siempre haces surgir multitud de milagros de tu tumba.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio XII

Reconociendo la gracia que reside en tus reliquias incorruptas, el pueblo de Vladimir venía a tu bendito santuario con amor, y venerándolas con júbilo, pues por ti glorificaban a Dios que es glorificado en Sus santos, Le clamaban con compunción: ¡Aleluya!

Ikos XII


Ensalzando tus virtudes y milagros, nuestros padres recibieron y acompañaron tu santo cuerpo cuando, según el deseo de corazón del emperador Pedro I, tus santas reliquias fueron trasladadas a un nuevo lugar de consagración en la capital imperial de San Petersburgo, y regocijándonos ahora tu gloria celestial y en la continuidad de tus reliquias incorruptas en esta cuidad, clamamos con ellos:

Alégrate, oh ruso José que fuiste trasladado a un nuevo lugar de descanso.

Alégrate, protector de todos los confines de la tierra rusa.

Alégrate, pronta seguridad de San Petersburgo.

Alégrate, defensor celestial de esta cuidad.

Alégrate, ornamento inestimable de la capital del norte.

Alégrate, gloria y seguridad del monasterio que lleva tu nombre.

Alégrate, pues por tus súplicas concedes la ayuda divina a todos los cristianos ortodoxos.

Alégrate, maestro divinamente sabio de todos los que residen en esta cuidad.

Alégrate, pues, como monje, instruyes a los monjes por el ejemplo de tu vida.

Alégrate, guía de los fieles hacia las virtudes, en las que trabajaste en el mundo.

Alégrate, pues por tu incorrupción concedes la esperanza de la resurrección a todos.

Alégrate, campeón, guardián y libertador nuestro, en medio de los peligros y las tribulaciones.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio XIII. (3 veces)

Oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander, acepta nuestro reverente y ferviente himno de alabanza, aunque sea indigno de ti, como ferviente ofrecimiento de los corazones de los que te aman y bendicen tu santa memoria. Presérvanos por tus súplicas; protege por tu mediación a todos los cristianos ortodoxos y a todo el pueblo de la tierra rusa, para que, habiendo vivido una vida pacífica y en paz en esta era, podamos heredar la bendición eterna, y contigo y todos los santos, podamos ser contados y hechos dignos de cantar a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander, acepta nuestro reverente y ferviente himno de alabanza, aunque sea indigno de ti, como ferviente ofrecimiento de los corazones de los que te aman y bendicen tu santa memoria. Presérvanos por tus súplicas; protege por tu mediación a todos los cristianos ortodoxos y a todo el pueblo de la tierra rusa, para que, habiendo vivido una vida pacífica y en paz en esta era, podamos heredar la bendición eterna, y contigo y todos los santos, podamos ser contados y hechos dignos de cantar a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander, acepta nuestro reverente y ferviente himno de alabanza, aunque sea indigno de ti, como ferviente ofrecimiento de los corazones de los que te aman y bendicen tu santa memoria. Presérvanos por tus súplicas; protege por tu mediación a todos los cristianos ortodoxos y a todo el pueblo de la tierra rusa, para que, habiendo vivido una vida pacífica y en paz en esta era, podamos heredar la bendición eterna, y contigo y todos los santos, podamos ser contados y hechos dignos de cantar a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

(Se Repite el ikos y el Kontaquio I)

Ikos I

Ahora estás con los ángeles y todos los santos ante Cristo, oh bendito Alexander, suplicando por los que te honran con amor. Por eso, conscientes de que, habiendo amado a Cristo desde tu infancia, te afanaste en espíritu hacia el cielo, emulando la vida de los incorpóreos, te bendecimos, clamando:

Alégrate, vástago de una piadosa raíz.

Alégrate, heredero de la excelente fe de tus antepasados.

Alégrate, emulador de las virtudes de tu padre, amante de Dios.

Alégrate, heredero de la devoción y la mansedumbre de tu madre.

Alégrate, tú que guías hacia el cielo al rebaño amante de Cristo.

Alégrate, amigo de todos los siervos de Dios en esta vida y conversador con los amantes de la piedad.

Alégrate, miembro del divino coro radiante de los venerables.

Alégrate, invencible confesor de la fe de Cristo.

Alégrate, mártir voluntario, que ahora estás unido al coro de la justa y victoriosa compañía de los mártires.

Alégrate, proclamador virginal de la esperanza y el amor cristiano para todos nosotros.

Alégrate, amante del magnífico mandato de la Iglesia.

Alégrate, coheredero con los fieles hijos de la Iglesia y los elegidos de Dios.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

kontaquio I

Dedicando himnos de alabanza al santo y recto creyente, el gran príncipe Alexander Nevsky, el capitán elegido de la tierra rusa, el espléndido adorno de la Iglesia Ortodoxa, que por la fe venció a los enemigos visibles e invisibles, y que en su fe mostró amor fraternal y afección, y, que como dijo el apóstol, a su fe añadió virtud, a la virtud, conocimiento, al conocimiento, templanza, y a la templanza, piedad, clamémosle con compunción y júbilo:

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!


Oración al Santo y Recto Creyente Gran Príncipe Alexander Nevsky.

¡Oh pronta ayuda de los que acuden a ti solemnemente, nuestro ferviente intercesor ante el Señor, santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander! Míranos con misericordia, aunque somos indignos, pues nos hemos hecho inútiles a nosotros mismos por la multitud de nuestras iniquidades, mas ahora acudimos al santuario de tus reliquias y te clamamos desde el fondo de nuestros corazones. En tu vida fuiste un amante y defensor de la Fe Ortodoxa: por tus oraciones a Dios haznos inquebrantables en ella. Cumpliste celosamente el ministerio que se te impuso: con tu ayuda, enséñanos a perseverar en aquello a lo que hemos sido llamados. Venciendo a las legiones de los adversarios los condujiste más allá de las fronteras de Rusia: expulsa también a nuestros enemigos, visibles e invisibles, que se aprestan contra nosotros. Renegando de la corona perecedera de un reino terrenal, elegiste la vida de la quietud, y habiendo sido coronado rectamente con una corona inmarcesible, ahora reinas en el cielo: intercede por nosotros, te lo suplicamos, para que por tu intercesión podamos obtener una vida pacífica y sin turbación y un paso directo al reino eterno. Estando con todos los santos ante el trono de Dios, ruega por todos los cristianos ortodoxos, para que en Su bondad, el Señor Dios nos preserve en la paz, en largos días y en prosperidad por muchos años, para que siempre glorifiquemos y bendigamos a Dios, que es adorado en la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias por tu nombre.

Señor, ten Piedad, Señor ten Piedad , Señor ten Piedad.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre. Venga a nosotros tu reino, hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan sobreesencial dánosle hoy; perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes sucumbir en la tentación, mas líbranos del maligno.

Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Bendice, Padre.

Aquél, que es bendito os bendiga, Cristo, Dios nuestro, en todo tiempo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Amén. Oh Cristo nuestro Dios, fortalece en la santa y verdadera fe a todos los cristianos piadosos y ortodoxos, así como a esta santa asamblea por los siglos de los siglos.

¡Santísima Madre de Dios, sálvanos!

Tú más venerable que los querubines, e incomparablemente más gloriosa que los serafines, que sin mancha engendraste a Dios el Verbo, a Ti verdadera Madre de Dios, te magnificamos.

¡Gloria a Ti, Cristo Dios nuestro, esperanza nuestra, gloria a Ti!

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Señor ten Piedad ,Señor ten Piedad , Señor ten Piedad .

Padre, bendice.

Que Cristo, nuestro verdadero Dios, por las plegarias de su Madre Santísima, toda pura e inmaculada, de los santos gloriosos Apóstoles, de los santos y justos antepasados del Señor, Joaquín y Ana, de San Alexander Nevsky y de todos los Santos, tenga piedad de nosotros y nos salve, porque él es bueno y amante de la humanidad.Amén.

Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.

Fue canonizado en 1547, Como San Alejandro Nevski, Por la Iglesia Ortodoxa Rusa y su festividad se celebra el 12 de Septiembre.

Catecismo Ortodoxo
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