Friday, September 23, 2016

Tres luces que son una Luz. ( San Gregorio Nacianceno )

 
Poemas dogmáticos.
(Poemas dogmáticos, 1, 2, 3)
Bien sé que, al hablar de Dios a los que le buscan, es como si quisiéramos atravesar el mar con pequeñas naves, o nos lanzáramos hacia el cielo constelado de estrellas, sostenidos por débiles alas. Porque queremos hablar de ese Dios que ni siquiera los habitantes del Cielo son capaces de honrar como conviene. Sin embargo, Tú, Espíritu de Dios, trompeta anunciadora de la verdad, estimula mi mente y mi lengua para que todos puedan gozar con su corazón inmerso en la plenitud de Dios.
Hay un solo Dios, sin principio ni causa, no circunscrito por ninguna cosa preexistente o futura, infinito, que abraza el tiempo, grande Padre del grande y santo Hijo unigénito. Es Espíritu purísimo, que no ha sufrido en el Hijo nada de cuanto el Hijo ha sufrido en la carne (…).
Único Dios, distinto en la Persona pero no en la divinidad, es el Verbo divino. Él es la imagen viva del Padre, Hijo único de Aquél que no tiene principio, solo que procede del solo, igual hasta el punto de que mientras sólo Aquél es plenamente Padre, el Hijo es también creador y gobernador del mundo, fuerza e inteligencia del Padre. Cantemos en primer lugar al Hijo, adorando la sangre que fue expiación de nuestros pecados. En efecto, sin perder nada de su divinidad, me salvó inclinándose, como médico, sobre mis heridas purulentas. Era mortal, pero era Dios; descendiente de David, pero creador de Adán; revestido de cuerpo, pero no partícipe de la carne. Tuvo madre, pero madre virgen; estuvo circunscrito, pero permaneció siempre inmenso. Fue víctima, pero también pontífice; sacerdote, y sin embargo era Dios. Ofreció a Dios su sangre y purificó el mundo entero. Fue alzado en la cruz, pero los clavos derrotaron al pecado. Se confundió entre los muertos, pero resucitó de la muerte y trajo a la vida a muchos que habían muerto antes que Él: en éstos se hallaba la pobreza del hombre, en Él la riqueza del Espíritu (…).
Alma, ¿por qué tardas? Canta también la gloria del Espíritu; no separes en tu discurso lo que la naturaleza no ha dividido. Temblemos ante el poderoso Espíritu, como delante de Dios; gracias a Él he conocido a Dios. Él, que me diviniza, es evidentemente Dios: es omnipotente, autor de dones diversos, el que suscita himnos en el coro de los santos, el que da la vida a los habitantes del cielo y de la tierra, el que reina en los cielos. Es fuerza divina que procede del Padre, no sujeto a ningún poder. No es hijo: uno solo, en efecto, es el Hijo santo del único Bien. Y no se encuentra fuera de la divinidad indivisible, sino que es igual en honor (…).
[Ésta es la] Trinidad increada, que está fuera del tiempo, santa, libre, igualmente digna de adoración: ¡único Dios que gobierna el mundo con triple esplendor! Mediante el Bautismo, soy regenerado como hombre nuevo por los Tres; y, destruida la muerte, avanzo en la luz, resucitado a una vida nueva. Si Dios me ha purificado, yo debo adorarlo en la plenitud de su Todo.
 

Catecismo Ortodoxo 

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Monday, September 19, 2016

Sobre los Iconos, en Pocas Palabras.


Cuando entramos en una Santa Iglesia, lo primero que nos llama la atención son los íconos que vemos ahí adentro.
¿Qué son los Santos Íconos? Son las representaciones o imágenes por las que nos son mostrados los rostros o apariencia de personas que han vivido en santidad a través de los siglos, representándose también momentos de importancia en ha historia del cristianismo.

¿Qué se representa en los Santos Íconos?
Usualmente se representa la imagen de Nuestro Salvador Jesucristo, la de la Virgen María, la de los Santos Apóstoles, la de los Padres de la Iglesia, de los ángeles y arcángeles, etc.

Los santos íconos nos enfatizan también algunos eventos de importancia en la historia del cristianismo, como la Natividad de Jesús, su Bautizo, su Crucificción, su Ascención, su Resurrección, la Última Cena, la Anunciación a la Virgen, el Descenso del Espíritu Santo en Pentecostés, los milagros hechos por Nuestro Señor Jesucristo, etc.

En la Santa Iglesia, además de los íconos que se ven en las paredes, encontramos también otro grupo de imágenes, en un soporte vertical, usualmente de madera, ricamente ornamentado, frente al Santo Altar. Estos íconos forman lo que se llama Iconostasis.

¿Cómo honramos a los íconos? Nosotros veneramos los íconos inclinándonos frente a ellos, haciéndonos la Señal de la Cruz y besándolos con respeto, devoción y fe.

Honrando así a los íconos, no significa que estamos venerando el material del que están hechos, el objeto en sí (madera, papel, tela, metal y pintura), sino que recordamos a las santas personas que ahí son representadas. Porque así nos enseñan los Santos Padres de la Iglesia, afirmando que el honor que se rinde frente a los íconos, se eleva a aquellos que ahi son retratados.

Nosotros, los cristianos ortodoxos, colocamos con amor distintos íconos en nuestra casa y siempre, al orar, lo hacemos frente a ellos, pidiendo la intercesión de todos los santos para que nuestra oración sea recibida por Nuestro Dios.
 

                         Catecismo Ortodoxo
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Saturday, September 17, 2016

El exorcismo en la Iglesia Ortodoxa

La Doctrina del Mal


Para entender la visión Ortodoxa sobre la práctica de exorcismo, uno debe conocer los presupuestos teológicos ortodoxos acerca del mal y su doctrina sobre Satanás. La teología patrística evidencia que el mal en el mundo proviene del diablo. El diablo fue creado por Dios como un ángel, y como tal era libre y en su calidad de ente libre escogió oponerse al plan de Dios. En síntesis, el diablo es un ángel caído. Satanás no es malo por naturaleza o en esencia, (ya que como dijimos antes fue creado por Dios y Dios no crea seres malignos) sino que el es maligno por su voluntad y sus obras. En Satanás no hay verdad en absoluto; él es falsedad absoluta y decepción. Satanás no es sólo una negación o suspensión del bien, sino una fuerza positiva con libre albedrío que siempre escoge el mal. El diablo tiene la habilidad de reconocer el poder divino, como la cualidad de reconocer a Cristo como el Hijo de Dios (Mt 4:1-11; Lc 4:1-3). Satanás tiene bajo su dirección legiones y aquellos poderes invisibles, que sostienen sus propias enseñanzas erróneas (“satánicas”). El diablo y los espíritus malignos saben que Dios existe y reconocen lo que es verdadero y consagrado, así como también los cristianos de vida santa y ejemplar disciernen los planes del diablo. El diablo, sin embargo, constantemente emplea distintos métodos de decepción para esclavizar a cada hombre (según sus características personales) y someterlo a las fuerzas satánicas que lo llevarán a rebelarse contra los planes de Dios. El Demonio es la fuente de corrupción y desorden, él es un poder parasitario en el mundo (a diferencia del Poder de Dios que es en esencia creativo) y será finalmente destruido por Dios en los últimos días. “y dado a que no existe ningún compromiso entre Dios y el diablo, la lucha continuará hasta el final “.


La doctrina Ortodoxa sobre Dios sostiene que Él es eterno, increado e incorporal y que todas las otras criaturas, visibles e invisibles, fueron creadas gratuitamente por Dios. En cambio el poder del diablo será destruido finalmente por la  fuerza de la Resurrección y la renovación de la Creación. La salvación de todo mal se logrará sólo por la aceptación libre  y obediente a Dios y Su plan. Este mundo (para el hombre) es un campo de batalla entre la elección del bien y del mal. Debe señalarse que en el mundo no hay nada, que como creación de Dios, sea malo. Lo que es malo lo es precisamente por influencia del poder satánico, el cual será (también puede decirse “ya fue”) destruido por el poder de la cruz y la resurrección de Cristo.


La Tradición Ortodoxa de Exorcizar


Después de hacer este breve paneo sobre la doctrina de Satanás en la Iglesia Ortodoxa, es indispensable proceder a hablar sobre el método de rechazar y exorcizar los poderes del mal. En el Nuevo Testamento podemos ver claramente como Cristo mandó a sus Apóstoles a sanar y "expulsar los demonios" (Mt 10:8, Lc 10:17-20). El propio Cristo expulsa a menudo a los demonios de los poseídos (Mc 1:23-27; Lc 4:33-35, 9:43; Mt 10:1; Mc 16:17; Mt 7:22). El Nuevo Testamento, sin embargo, rechaza los usos populares de encantaciones mágicas y ritos para exorcizar los poderes satánicos de las personas, porque ellos se aprovechan de una religiosidad de raíz supersticiosa (Hch. 19:13).


En el nombre de Cristo, uno puede expulsar demonios y destruir los poderes del maligno (Mat. 10:8). Los Padres de la Iglesia aceptaron esta doctrina;  el Mártir Justino sostenía “que en el nombre de Cristo, el Hijo de Dios que fue crucificado y subió de nuevo a los Cielos, cada demonio que se exorciza es derrotado y sometido” (La Biblioteca de los Padres griegos y Escritores de la Iglesia, Atenas; Apostolike Diakonia 1955, Vol. 3, pp. 288-89). Los poderes satánicos son aniquilados por el poder de la cruz y el nombre de Cristo, por tal razón las persona y/u objetos poseídos por los demonios, cuando son exorcizados en el nombre del Dios viviente, se libran de la posesión del mal. La evidencia sobre el pensamiento patrístico sobre  la creencia en la posesión y expulsión del demonio por el poder de la palabra de Dios es abundante. (Ignacio, Epístolas a los Filipenses 3 y 12; de “La biblioteca de los Padres griegos y Escritores de la Iglesia”, Vol. 2, pág. 333 y 336; Clemente de Alejandría, Stromata 4:14; de “La Biblioteca...”, Vol 8, pág. 82; Origenes contra Celsus, 6:44; de “La Biblioteca...”, Vol. 10, pág. 93).


La posesión demoníaca de individuos e incluso de objetos, ha sido aceptada por la Iglesia Ortodoxa; durante el Sacramento de Bautismo también se practica un exorcismo, así como también se realizan exorcismos algo más específicos en el caso de personas poseídas. En la Iglesia primitiva los exorcismos se administraban a través de personas especialmente entrenadas y designadas para orar, con el objeto de echar fuera el mal de aquellos cristianos bautizados. Desde el siglo IV el lugar del exorcista, así como otras funciones y ministerios, fueron asumidas por el sacerdote. Los exorcismos son oraciones que invocan a Dios con el objetivo expreso de expeler a los espíritus malignos. El sacerdote ora para extirpar todo mal, como ser: el espíritu de error, de idolatría, de codicia, de ira y cada acto impuro que se sustenta en las enseñanzas de Satanás. La renuncia al demonio durante el Rito de Bautismo es la práctica usual en cada bautismo que se realiza en la Iglesia Ortodoxa. También aprovecharemos estas líneas para hablar sobre el particular Rito de la Vaskania, como forma de exorcismo.


La Vaskania


El exorcismo de poderes satánicos también es realizado por la Iglesia Ortodoxa en otros ritos, como por ejemplo en el del popularmente conocido “Mal de ojo” (vaskania).


La Vaskania simplemente es un fenómeno que es aceptado por las personas primitivas como un hecho casi natural. Muchos sostienen que ciertas personas tienen tales sentimientos poderosos de celos y envidia que cuando ellos reparan en algún objeto bonito o individuo, traen consigo alguna forma de destrucción. La vaskania es reconocida por la Iglesia Ortodoxa como los celos y envidia de algunas personas por cosas que ellos no poseen, como ser: la belleza,  la juventud, la valentía o cualquier otra bendición. La Iglesia rechazó la idea de la Vaskania esencialmente como contradictorio con el concepto de Providencia Divina. Las oraciones de la Iglesia para apartar el mal de ojo son, sin embargo, un reconocimiento silencioso a este fenómeno de sentimiento mórbido de envidia por parte de algunas personas. La Iglesia  prohíbe a las personas que vayan a "curanderos" u otros individuos para el uso de rituales mágicos a fin de superar el llamado mal de ojo. Estos curanderos, muy frecuentemente,  se aprovechan de la debilidad de personas supersticiosas, o de aquellas que por desgracias de la vida se hallan psicológicamente y espiritualmente desolados, con el objeto de destruirlos espiritualmente, psicológicamente y financieramente jugando con la imaginación “del cliente”con el fin de cumplir sus objetivos.


Existe también un rito secreto realizado por personas supersticiosas para apartar el mal de ojo, rito que se inclina más a la magia que a una práctica cristiana. Aunque la Iglesia anima incluso a los laicos para orar y exorcizar el mal, rechaza las prácticas mágicas y sus ritos paganos. Este rito hermético antes mencionado es descrito por muchos de la siguiente forma: "El exorcista (no es un sacerdote sino una mujer vieja) prepara una redoma de aceite verde de oliva y un vaso pequeño de agua. Ella mete un dedo en el aceite, lo friega en una señal de la Cruz en la frente de la víctima y permite que  una gota caiga sobre el agua; ella repite el proceso, y continúa haciendo una cruz en la frente, otra en la barbilla y otras sobre ambas mejillas. Si el diablo está de hecho presente, las cuatro gotas de aceite que cayeron sobre el agua se unirán  para formar la figura del elipsoide de un ojo. El ritual requiere la lectura de oraciones y entonces se volverá a repetir el ritual de las cuatro señales de la Cruz; hasta que las gotas de aceite no se unan en el agua, sino que se dispersarán."


La posesión de individuos por el diablo y la existencia de poderes demoníacos, así como también la liberación de éstos en el nombre de Cristo se evidencia frecuentemente en el Nuevo Testamento (Hch 3:2-8, 9:32-42; 20:7-12; Mt 10:8; Mc 16:17-18). La Iglesia, continúa en sus ritos litúrgicos, lo que Cristo promulgó en Su ministerio; por tal motivo la Iglesia reconoce la influencia del mal y lo rechaza en el nombre de Cristo a través de múltiples oraciones y ayunos. Las oraciones de exorcismo en la Iglesia antigua fueron ofrecidas por exorcistas que podían ser laicos. Esto se evidencia en las oraciones primitivas que han sobrevivido; a partir del siglo IV el ministerio del exorcista es cumplido por el sacerdote.


Las Oraciones ortodoxas de Exorcismo


Todos los libros de oraciones Ortodoxos incluyen las oraciones de exorcismo usadas por   los sacerdotes para luchar contra el poder del mal. El Libro Ortodoxo de Oraciones (Eucologion) incluye tres oraciones de exorcismo por San Basilio y otras cuatro por San Juan Crisóstomos. En ellos se leen "para aquellos que padecen posesiones demoníacas y cualquier otra enfermedad" A través de estas oraciones a las cuales hemos hecho referencia, el diablo es exorcizado (rechazado). Las grandes enfermedades y padecimientos sufridos por la Humanidad a través de toda su historia son atribuidos a Satanás y su poder, el cual al haber engañado a nuestros padres Adán y Eva, hizo entrar la muerte y el dolor al mundo, frustrando en el hombre la felicidad para lo cual Dios, en su infinita bondad, lo creó.


Desde el punto de vista teológico Ortodoxo, las siguientes personas pueden ser consideradas exorcistas:


1. Ante todo Cristo, quién es por excelencia, “el exorcista”, puesto que es Él quién ganó la victoria sobre el poder oscuro del demonio.


2. Los sacerdotes en la celebración de los Santos Sacramentos y a través de la prédica de la palabra de Dios siguiendo el ejemplo de Cristo..


3. Todos los cristianos Ortodoxos son exorcistas, pero sólo cuando se esfuerzan en la lucha contra el pecado personal y el mal social; en síntesis: "la Iglesia entera, ya sea en su pasado, presente y futuro, cumple con la tarea de un exorcista, es decir: desterrar el pecado, el mal, la injusticia, la muerte espiritual y el demonio de la vida de la humanidad"


Todas las oraciones de sanación y exorcismo compuestos por los Padres de la Iglesia y en uso desde el siglo III, empiezan con la declaración solemne: En Tu Nombre, Oh Señor...” (El exorcismo y los Exorcistas en la Tradición Ortodoxa griega, 10 de marzo de 1974.)


En resumen, en las cuatro oraciones de exorcismo de San Juan Crisóstomos, y las otras tres de San Basilio, se increpan a los demonios en el nombre de Dios para liberar a los poseídos de la cautividad de Satanás. Algunos pueden sanarse por la fe acompañada por el ayuno y la purificación. El uso del exorcismo debe hacerse con discreción y con gran cuidado.


 


El Exorcismo en la Iglesia Ortodoxa


FÓRMULAS DE EXORCISMO USADAS DURANTE EL BAUTISMO


- SEGÚN EL RITO BIZANTINO -


Primer Exorcismo


Sacerdote: Roguemos al Señor


Coro: Señor, ten piedad


Sacerdote: El Señor te ordena, Oh Demonio, el Señor que vino al mundo y habitó en medio de los hombres para destruir tu tiranía y librarlos de ella; Él, que, cuando estaba en la Cruz, triunfó de las fuerzas enemigas, dejando el sol de dar su luz temblando la tierra y resucitando los cuerpos de los santos. Él, que, con su muerte, venció la muerte y aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, a ti, Oh demonio. Te conjuro por Aquél que caminó por las olas del mar como por tierra firme, que ordena el desenlace de los vientos, cuya mirada derrumba los abismos y cuya ira hace temblar las montañas. Es Él quien en este momento te ordena, por nuestro intermedio, que salgas, temas, te alejes de esta creatura y que nunca más te atrevas a ocultarte en ella ni ir a su encuentro, ni influenciaría, sea en horas de la noche o del día, por la mañana o al mediodía. Vuélvete al infierno hasta el día del gran Juicio. Teme a Dios, que está sentado sobre los Querubines, que mira los abismos y ante Quien estremecen los Ángeles, los Arcángeles, los Apóstoles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Legiones, las Potestades, los Querubines de muchos ojos y los Serafines de seis alas; ante Quien tiemblan el cielo, la tierra, el mar y todo lo que en ellos existe. Sal y apártate del soldado recién elegido y signado con el sello de Cristo nuestro Dios. Es por El mismo que yo te conjuro, a ti y todo tu poder y todos tus ángeles por el que va sobre las alas de los vientos y hace de las llamas de fuego sus mensajeros, pues es glorificado el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Segundo Exorcismo


Sacerdote: Roguemos al Señor


Coro: Señor, ten piedad


Sacerdote: El Dios Santo, temible y glorioso, que es inescrutable en todas sus obras e incomprensible en todo su poder, que te ha destinado, Oh demonio, a la angustia del suplicio eterno, te ordena, por medio de nosotros sus indignos ministros, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, nuestro verdadero Dios, que te alejes, tú y todo el poder que te acompaña. Te conjuro, espíritu maligno, impuro, perverso y extraño con la autoridad de Jesucristo, que tiene todo poder en el cielo y en la tierra y que dijo al demonio sordo mudo: “Sal de este hombre y no habites más en él.” Aléjate y reconoce que tu poder es nulo, ya que no puedes dominar ni a las jaurías. Recuerda a Aquel que te ordenó, conforme a tu pedido, entrar en la manada de cerdos. Teme a Dios, por cuyo mandato la tierra ha sido estabilizada en medio de las aguas; Quien creó los cielos, levantó las montañas y extendió las planicies; Quien ha puesto la arena como limite de los mares y ha trazado rutas seguras sobre las profundas aguas; Quien toca a los montes y los hace humear y se reviste de luz como de un manto, y ha extendido los cielos como una tienda de campaña y ha cubierto de agua su parte superior Quien ha fundado la tierra sobre sus bases y no se desnivelará jamás; Quien llama las aguas de los mares y las vierte sobre la tierra. Sal y aléjate del que se prepara en este momento para la santa iluminación. Te conjuro por la Pasión salvadora de Nuestro Señor Jesucristo, por su Cuerpo Purísimo y por su Sangre Preciosa, por su temible segunda venida (parusía), porque vendrá sin duda a juzgar a toda la tierra y te castigará a ti y a las fuerzas que te apoyan con el fuego del infierno, precipitándote a las tinieblas exteriores, donde los gusanos carcomen sin cesar y donde el fuego nunca se extingue, porque el poder es de Cristo, nuestro Dios, y del Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


 


Tercer Exorcismo


Sacerdote: Roguemos al Señor


Coro: Señor, ten piedad


Sacerdote: Señor del Universo, Dios del pueblo fiel, que curas toda enfermedad y dolor, mira a tu siervo/a N.N, pruébalo, examínalo y aleja de él toda acción diabólica. Purifica la obra de tus manos, empleando tu eficaz operación, y abate a Satanás bajo sus pies y otórgale la victoria sobre los espíritus impuros, a fin de que amparado por tu misericordia sea digno de tus Misterios celestiales e inmortales y Te glorifique, Oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Cuarto Exorcismo


Sacerdote: Roguemos al Señor


Coro: Señor, ten piedad


Sacerdote: Soberano Señor, que has creado al hombre a tu imagen y semejanza, que le has dado el poder de llegar a la vida eterna y que no lo abandonaste, después que cayó en pecado, sino que procuraste la salvación del mundo por la Encarnación de Tu Cristo; Tú Señor, después que hayas librado de la esclavitud a tu creatura, recíbelo en tu Reino celestial. Abre los ojos de su inteligencia para que la luz de tu Evangelio pueda brillar en él. Haz que durante la vida lo acompañe un Ángel de luz, que lo libre de todos los engaños del enemigo, del encuentro con el mal, del demonio del mediodía y de las ilusiones perversas.


El Sacerdote sopla tres veces y hace el signo de la Cruz sobre la boca, el pecho y la frente del que va a ser bautizado, diciendo:


Aparta de él todo espíritu malo e impuro, escondido y oculto en su corazón. El espíritu del error, de la maldad, de la idolatría y de la concupiscencia, el espíritu de la mentira y de toda impureza inspirada por la acción diabólica. Haz de él una oveja racional del santo rebaño de Tu Cristo, un miembro honorable de Tu Iglesia, un vaso de santidad, un hijo de la luz y heredero de tu Reino, para que, después de vivir según tus mandamientos, y de haber conservado intacta tu señal y su vestidura sin mancha, reciba la felicidad de tus santos en Tu Reino.


Por la gracia, la misericordia y el amor a la Humanidad de Tu Hijo Único, con Quien eres bendito Tu y Tu Santísimo Espíritu, que da vida, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


 


FÓRMULA DE EXORCISMO USADA


POR LOS SACERDOTES ORTODOXOS PARA LIBERAR UNA MORADA AFECTADA


Sacerdote: Dios mío, mi Salvador, Hijo de Dios viviente, llevado por los querubines, que supera todo principio, todo poder y fuerza, todo gobierno! Eres grande y temible para todos los que Te rodean, Tu eres Aquel, quien con Su poderío extendió el cielo como un techo, creó la tierra y gobierna sabiamente a todo el universo. Tu mueves la tierra de su lugar, si le hablas al Sol, no amanecerá y a las estrellas les limitas su brillo (Job 9:7). Tu le haces prohibiciones al mar y puedes secarlo. Tus rocas se rompen y tiemblan las autoridades y los gobernantes. Has derrumbado los portones de bronce y has roto las cadenas de hierro. Has atado al fuerte y le has sustraído los recipientes. Con Tu Cruz has destituido al torturador y con el anzuelo de Tu transformación en el hombre has pescado a la serpiente, atándola y encerrándola en la oscuridad del infierno.


Tu eres, Dios, un muro fuerte para todos los que se apoyan en Ti, haz que se retiren, que desaparezcan corriendo todas las artimañas diabólicas, intrigas de Satanás, todas las calumnias del enemigo. Y aleja de esta casa a todos los espíritus opresores y atormentadores, también a los que rondan esta vivienda. Protege a todos los que evocan Tu Nombre Santo y a los que llevan una señal temible para los demonios: la señal de Tu Cruz. Porque Tu fuiste, Oh, Dios, quien había ahuyentado una legión de demonios y al sordomudo liberaste del yugo del demonio, exigiéndole que no vuelva a el nunca más. Has destruido el ejercito de nuestros enemigos invisibles y a los fieles y a los que te buscan has hecho más sabios, diciéndoles: “Les entrego el poder de pisar a las serpientes, y a los escorpiones y a todas las fuerzas enemigas sin que algo los pudiera dañar” (Luc. 10:19).


Cuídalos, Oh, Señor, a todos los que viven en esta casa, de cualquier daño o tentación, de los horrores de la noche, de la flecha que vuela de día, de la úlcera que viene de las tinieblas, del contagio que arrasa al mediodía. Para que todos Tus siervos y siervas, junto a los niños, alegres a causa de Tu ayuda y asistidos por el ejercito de los ángeles, Te canten todos juntos: “Si Dios es mi ayuda, no voy a temer, porque ¿que es lo que me puede hacer un hombre?” Y además: “No tendré miedo del mal, porque Tu estás conmigo.”


Porque Tu, Oh Dios, eres mi consolidación. Tu eres el Amo fuerte, Príncipe del mundo, el Padre de los siglos futuros. Tu Reino es el Reino eterno. Y Te cantamos gloria con Tu Padre eterno y tu Espíritu Santo, hoy y para siempre, y por siglos de los siglos, amén.


 


FÓRMULA DE EXORCISMO USADA


POR LOS SACERDOTES ORTODOXOS PARA LIBERAR A UNA PERSONA POSEÍDA


Exorcismo de San Basilio


Sacerdote: Dios de los dioses y el Señor de los señores, Creador de las ordenes ardientes y artífice de todo lo que está en los Cielos y debajo de los Cielos. Al que ningún hombre vio ni podrá ver, ante Quien tiembla todo lo existente. Al arcángel ensoberbecido Tu lo arrojaste a la tierra y junto con los ángeles que se unieron a el y los que por cólera se hicieron demonios, los encerraste en las profundidades del infierno. Haz este conjuro hecho a nombre Tuyo tan terrible, de ser implacable contra el amo del mal y contra todos sus espíritus malignos arrojados junto con el desde las claridades celestiales, y haz que huya, ordénale que se aleje de este lugar sin hacer ningún daño al que recibe la señal de Santa Cruz. Para que Tus esclavos, dicha Tu voluntad, acepten el sello del poder que permite pisar a las serpientes y a los escorpiones, y a todas las fuerzas enemigas.


Porque con cada respiración se glorifica y con temor se canta y se alaba el nombre Tuyo y del Padre y del Espíritu Santo, ahora y para siempre, por siglos de los siglos. Amén.


 Catecismo Ortodoxo

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Friday, September 16, 2016

Cómo Leer la Santa Biblia ( Obispo Calisto Ware )


Creemos que las escrituras constituyen un todo coherente. Son simultáneamente divinamente inspiradas y humanamente expresadas. Presentan un testimonio definitivo de la revelación de Dios de Él mismo — en la creación, en la Encarnación de la Palabra, y en toda la historia de la salvación. Y como tales expresan la Palabra de Dios en lenguaje humano. Nosotros conocemos, recibimos, e interpretamos las Escrituras a través de la Iglesia y en la Iglesia. Nuestra actitud ante la Biblia es una de obediencia.

Podemos distinguir cuatro cualidades clave que marcan a una lectura Ortodoxa de las Escrituras, señaladamente:

Nuestra lectura debe ser obediente,

Debe ser eclesiástica, en la Iglesia,

Debe ser centrada en Cristo,

Debe ser personal.

Leyendo la Biblia con Obediencia

Antes que nada, al leer las Escrituras, hemos de escuchar en un espíritu de obediencia. La Iglesia Ortodoxa cree en la inspiración divina de la Biblia. Las Escrituras son una "carta" de Dios, en donde Cristo mismo está hablando. Las Escrituras son el testimonio definitivo de Dios sobre Él mismo. Expresan la Palabra de Dios en nuestro lenguaje humano. Ya que Dios mismo nos está hablando en la Biblia, nuestra respuesta es justamente una de obediencia, receptividad, y de escuchar. Conforme leemos, esperamos en el Espíritu.

Pero, aun cuando la Biblia está divinamente inspirada, también está humanamente expresada. Es una biblioteca completa de diferentes libros escritos en varias épocas por distintas personas. Cada libro de la Biblia refleja la perspectiva de la época en la que fue escrito y el punto de vista particular del autor. Porque Dios no hace nada de manera aislada, la gracia divina coopera con la libertad humana. Dios no abole nuestra individualidad sino que la mejora. Y así es en la escritura de las inspiradas Escrituras. Los autores no fueron tan solo un instrumento pasivo, ni una máquina de dictado grabando un mensaje. Cada escritor de las Escrituras contribuye con sus dones personales particulares. Junto al aspecto divino, hay también un elemento humano en las Escrituras. Debemos evaluar ambos.

Cada uno de los cuatro Evangelios, por ejemplo, tiene su propio enfoque particular. Mateo presenta más en particular un entendimiento Judío de Cristo, con un énfasis en el reino del cielo. Marco contiene detalles específicos y pintorescos del ministerio de Cristo, que no se dan en ningún otro lugar. Lucas expresa la universalidad del amor de Cristo, Su compasión que lo abarca todo y que se extiende de igual manera al Judío y al Gentil. En Juan existe un enfoque más interno y más místico de Cristo, con un énfasis en la luz divina y morada interna. Debemos disfrutar y explorar de lleno esta variedad vivificante en la Biblia.

Debido a que las Escrituras son de este modo la Palabra de Dios expresada en lenguaje humano, hay lugar para una indagación honesta y exigente al estudiar la Biblia. Al explorar el aspecto humano de la Biblia, hemos de utilizar al máximo nuestra razón humana otorgada por Dios. La Iglesia Ortodoxa no excluye la investigación académica del origen, fechas, y paternidad literaria de los libros de la Biblia.

Junto a este elemento humano, de cualquier modo, siempre vemos el elemento divino. Estos no son simplemente libros escritos por escritores humanos individuales. En las Escrituras escuchamos no tan solo palabras humanas, marcadas por una mayor o menor habilidad y perceptibilidad, sino la eterna, increada Palabra de Dios mismo, la Palabra divina de salvación. Cuando nos acercamos a la Biblia, entonces, no lo hacemos simplemente por curiosidad, para obtener información. Nos acercamos a la Biblia con una pregunta específica, una pregunta personal sobre nosotros mismos: "¿Cómo puedo ser salvado?"

Como divina palabra de Dios de salvación en lenguaje humano, las Escrituras deben evocar en nosotros una sensación de asombro. ¿Alguna vez ha sentido, al leer o escuchar, que todo se ha tornado demasiado familiar? ¿Se ha vuelto la Biblia mas bien aburrida? Necesitamos limpiar continuamente las ventanas de nuestra percepción y ver con asombro con nuevos ojos lo que el Señor pone ante nosotros.

Hemos de sentir hacia la Biblia una sensación de asombro, de expectación y sorpresa. Hay tantos lugares en las Escrituras en los que aun debemos entrar. Hay tanta profundidad y majestuosidad para descubrir. Si la obediencia significa asombro, también significa escuchar.

Somos mejores al hablar que al escuchar. Escuchamos el sonido de nuestra propia voz, pero con frecuencia no hacemos una pausa para escuchar la voz de la otra persona que nos está hablando. Así es que el primer requisito, cuando leemos las Escrituras, es dejar de hablar y escuchar — escuchar con obediencia.

Cuando entramos a una Iglesia Ortodoxa, decorada de manera tradicional, y miramos hacia arriba del santuario en el extremo este, vemos ahí, en el ápside, un icono de la Virgen María con sus manos alzadas al cielo — la manera escriptural antigua de orar que muchos aún utilizan hoy en día. Este icono simboliza la actitud que debemos asumir al leer las Escrituras — una actitud de receptibilidad, de manos invisiblemente levantadas al cielo. Al leer la Biblia, debemos modelarnos en la Bendita Virgen María, porque ella es supremamente la que escucha. En la Anunciación ella escucha con obediencia y le responde al ángel, "Que sea a mí de acuerdo a vuestra palabra" (Lucas 1:38). No hubiera podido llevar la Palabra de Dios en su cuerpo si no hubiera primero escuchado la Palabra de Dios en su corazón. Después de que los pastores adoraran al neonato Cristo, se dice de ella: "María guardó todas estas cosas y las ponderó en su corazón" (Lucas 2:19). Nuevamente, cuando María encuentra a Jesús en el templo, nos es dicho: "Su madre guardó todas estas cosas en su corazón" (Lucas 2:5l). La misma necesidad de escuchar es enfatizada en las últimas palabras atribuidas a la Madre de Dios en las Escrituras, en el banquete nupcial en Caná de Galilea: "Todo cuanto Él os diga, hacedlo" (Juan 2:5), ella les dice a los sirvientes — y a todos nosotros.

En todo esto la Bendita Virgen María sirve como un espejo, como un icono viviente del Cristiano Bíblico. Hemos de ser como ella al escuchar la Palabra de Dios: ponderando, guardando todas estas cosas en nuestros corazones, haciendo todo lo que Él nos diga. Debemos escuchar en obediencia cuando Dios habla.

Comprendiendo la Biblia

A través de la Iglesia

En segundo lugar, hemos de recibir e interpretar las Escrituras a través de la Iglesia y en la Iglesia. Nuestra actitud ante la Biblia no es solamente obediente sino eclesiástica.

Es la Iglesia la que nos dice lo que son las Escrituras. Un libro no es parte de las Escrituras no debido a cualquier teoría en particular acerca de su antigüedad y paternidad literaria. Aunque se pudiera comprobar, por ejemplo, que el cuarto Evangelio no fue de hecho escrito por Juan, el amado discípulo de Cristo, esto no alteraría el hecho de que nosotros los Ortodoxos aceptamos al Cuarto Evangelio como Santa Escritura. ¿Porqué? Debido a que el Evangelio de Juan es aceptado por la Iglesia y en la Iglesia.

Es la Iglesia quien nos dice que es Escritura, y también es la Iglesia quien nos dice como se debe de entender la Escritura. Al encontrarse con el Etíope mientras él leía el Antiguo Testamento en su carro de dos ruedas, Felipe el Apóstol le preguntó, "¿Entendéis lo que leéis?" y el etíope respondió, "¿Como puedo, al menos que algún hombre me guíe?" (Actos 8:30-31). Estamos todos en la posición del Etíope. Las palabras de las Escrituras no son siempre auto explicativas. Dios le habla directamente al corazón de cada uno de nosotros mientras leemos la Biblia. La lectura de las Escrituras es un diálogo personal entre cada uno de nosotros y Cristo — pero también necesitamos una guía. Y nuestra guía es la Iglesia. Hacemos pleno uso de nuestro entendimiento personal propio, auxiliados por el Espíritu, hacemos pleno uso de los descubrimientos de la investigación Bíblica moderna, pero siempre sometemos la opinión privada — ya sea la nuestra o la de los eruditos — a la experiencia total de la Iglesia a través de los siglos.

El punto de vista Ortodoxo se sintetiza aquí con la pregunta que se le hace a un converso el servicio de recepción utilizado por la Iglesia Rusa: "¿Reconoces que las Santas Escrituras deben aceptarse e interpretarse de acuerdo a la creencia que ha sido transmitida por los Santos Padres, y la que la Santa Iglesia Ortodoxa, nuestra Madre, siempre ha conservado y aún conserva?"

Leemos la Biblia personalmente, pero no como individuos aislados. Leemos como miembros de una familia, la familia de la Iglesia Católica Ortodoxa. Al leer las Escrituras, no decimos "Yo" sino "Nosotros." Leemos en comunión con todos los demás miembros del Cuerpo de Cristo, en todas las partes del mundo y en todas las generaciones del tiempo. La prueba decisiva y el criterio para nuestro entendimiento del significado de las Santas Escrituras es la mente de la Iglesia. La Biblia es el libro de la Iglesia.

Para descubrir esta "mente de la Iglesia," ¿dónde comenzamos? Nuestro primer paso es ver como las Escrituras son utilizadas en el culto. ¿Cómo, en particular, se seleccionan las lecciones Bíblicas para su lectura en las diferentes festividades? También debemos consultar los escritos de los Padres de la Iglesia, y reflexionar sobre su manera de interpretar la Biblia. Nuestra manera Ortodoxa de leer las Escrituras es de este modo tanto litúrgica como patrística. Y esto, como todos nos percatamos, está lejos de ser fácil en la práctica, debido a que tenemos a nuestro alcance tan pocos comentarios Ortodoxos sobre las Escrituras disponibles en español, y la mayoría de los comentarios occidentales no emplean este enfoque litúrgico y patrístico.

Como un ejemplo de lo que significa el interpretar las Escrituras de manera litúrgica, guiándose por el uso que se les dan en las Festividades de la Iglesia, veamos las lecciones del Antiguo Testamento asignadas para las Vísperas en la Festividad de la Anunciación. Son tres en número: Génesis 28:10-17; el sueño de Jacobo de la escalera puesta de la tierra al cielo;

Ezequiel 43:27-44:4; la visión del profeta del santuario de Jerusalén, con la puerta cerrada a través de la cual nadie mas que el Príncipe puede pasar; Proverbios 9:1-11:uno de los grandes pasajes Sofiánicos en el Antiguo Testamento, que comienza así: "La Sabiduría ha construido su casa."

Estos textos en el Antiguo Testamento, entonces, como su selección para la festividad de la Virgen María lo indica, se deben entender todos como profecías acerca de la Encarnación de la Virgen. María es la escalera de Jacobo, proveyendo la carne que Dios encarnado toma al entrar a nuestro mundo humano. María es la puerta cerrada quien es la única entre las mujeres que engendró un hijo aún permaneciendo inviolada. María provee la casa que Cristo la Sabiduría de Dios (1 Cor. 1:24) toma como su morada. Explorando de este modo la selección de las lecciones para las diferentes festividades, descubrimos capas de interpretación Bíblica que de ningún modo son obvias en una primera lectura.

Tome como otro ejemplo las Vísperas en Sábado Santo, la primer parte de la antigua Vigilia Pascual. Aquí tenemos no menos de quince lecciones del Antiguo Testamento. Esta secuencia de lecciones nos presenta todo el esquema de la historia sagrada, y al mismo tiempo subraya el significado más profundo de la resurrección de Cristo. La primera de las lecciones es el Génesis 1:1-13, el relato de la Creación: La Resurrección de Cristo es una nueva Creación. La cuarta lección es el libro de Jonás completo, con los tres días del profeta en el estómago de la ballena prefigurando la Resurrección de Cristo después de tres días en la tumba (cf. Mateo 12:40). La sexta lección narra el cruce del Mar Rojo por los Israelitas (Éxodo 13:20-15:19), que anticipa la nueva Pascua de Pascua por medio de la cual Cristo pasa de la muerte a la vida

(cf. 1 Corintios 5:7; 10:1-4). La lección final es la historia de los tres Santos Niños en el ardiente horno (Daniel 3), una vez mas una "especie" o profecía de la Resurrección de Cristo desde la tumba.

Tal es el efecto de leer las Escrituras eclesiásticamente, en la Iglesia y con la Iglesia. Al estudiar el Antiguo Testamento de esta manera litúrgica y utilizando a los Padres para ayudarnos, en todas partes destapamos señales que apuntan hacia el misterio de Cristo y su Madre. Al leer el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo, y el Nuevo a la luz del Antiguo — como el calendario de la Iglesia nos insta hacer — descubrimos la unidad de las Santas Escrituras. Uno de las mejores maneras de identificar las correspondencias entre el Antiguo y Nuevo Testamento es el uso de una buena concordancia Bíblica. Esto a menudo nos puede decir más acerca del significado de las Santas Escrituras que cualquier comentario.

En los grupos de estudio de la Biblia en nuestras parroquias, es útil el darle a una persona la tarea especial de señalar cuando un pasaje particular del Antiguo o Nuevo Testamento es utilizado para una festividad o día de un santo. Podemos entonces discutir juntos las razones por las cuales cada pasaje específico fue elegido. A otros del grupo se les puede asignar tareas para casa entre los Padres, usando por ejemplo las homilías Bíblicas de San Juan Crisóstomo (que han sido traducidas al Inglés). Los Cristianos necesitan adquirir una mente patrística.

Cristo, el corazón de la Biblia.

El tercer elemento en nuestra lectura de las Escrituras es que ésta debe Centrarse en Cristo. Las escrituras constituyen un todo coherente porque todas están centradas en Cristo. La salvación a través del Mesías es su tema central y unificador. Él es como un "hilo" que corre a través de todas las Santas Escrituras, desde la primer oración hasta la última. Ya hemos mencionado la manera en la que Cristo puede verse prefigurado en las páginas del Antiguo Testamento.

Mucho del estudio crítico moderno de las Escrituras en el Occidente ha adoptado una enfoque analítico, dispersando a cada libro en diferentes fuentes. Los nexos conectivos se desmenuzan, y la Biblia se reduce a una serie de simples unidades primarias. Ciertamente hay valor en esto. Pero necesitamos ver tanto la unidad como la diversidad de las Santas Escrituras, el final que todo lo abarca al igual que los comienzos dispersos. La Ortodoxia prefiere en el todo un enfoque sintético en lugar de un enfoque analítico, viendo a las Escrituras como un todo integrado, con Cristo en todas partes como el lazo de unión.

Siempre buscamos el punto de convergencia entre el Antiguo y Nuevo Testamento, y lo encontramos en Jesús Cristo. La Ortodoxia le confiere un significado particular al método de interpretación "tipológico," en donde los "tipos" de Cristo, señales y símbolos de su trabajo, son identificados a través del Antiguo Testamento. Un ejemplo notable de esto es Melquizedek, el rey-sacerdote de Salem, quien le ofreció pan y vino a Abraham (Génesis 14:18), y quien es visto como un tipo de Cristo no solo por los Padres sino también en el Nuevo Testamento (Hebreos 5:6; 7:l). Otro ejemplo es la manera en que, como hemos visto, la Antigua Pascua prefigura a la Nueva; La liberación de Israel del Faraón en el Mar Rojo anticipa nuestra liberación del pecado a través de la muerte y Resurrección del Salvador. Este método de interpretación debemos aplicar a lo largo de la Biblia. ¿Por qué, por ejemplo, en la segunda mitad de la Cuaresma las lecturas del Génesis del Antiguo Testamento están dominadas por la figura de José? ¿Por qué en la Santa Semana leemos el libro de Job? Porque José y Job son personas que sufrieron inocentemente, y como tales son tipos o prefiguraciones de Jesús Cristo, cuyo sufrimiento inocente sobre la Cruz la Iglesia está a punto de celebrar. Todo se relaciona entre sí.

Un Cristiano Bíblico es aquel quien, dondequiera que ve, en cada página de las Escrituras, encuentra a Cristo en todas partes.

La Biblia como guía Personal.

En las palabras del temprano escritor asceta en el Oriente Cristiano, San Marco el Monje: "El que es humilde en sus pensamientos y está ocupado en su labor espiritual, cuando lee las Santas Escrituras, aplicará todo a sí mismo y no a su semejante." Como Cristianos Ortodoxos debemos buscar en todas partes de las Escrituras una aplicación personal. No solamente debemos preguntar "¿Qué significa eso?" sino "¿Qué significa para mi?" Las Escrituras son un diálogo personal entre el Salvador y yo — Cristo me está hablando, y yo estoy respondiendo. Ese es el cuarto criterio en nuestra lectura de la Biblia.

He de ver todas las historias en las Escrituras como parte de mi propia historia personal. ¿Quién es Adán? El nombre Adán significa "hombre," "humano," y de este modo el relato del Génesis sobre la caída de Adán es también la historia acerca de mí. Soy Adán. Es a mí a quien Dios habla cuando le dice a Adán, "¿Dónde estáis?" (Génesis 3:9). "¿Dónde está Dios?" preguntamos con frecuencia. Pero la verdadera pregunta es lo que Dios pregunta al Adán en cada uno de nosotros: "¿Dónde estáis?"

Cuando, en la historia de Caín y Abel, leemos las palabra de Dios a Caín, "Dónde está Abel vuestro hermano?" (Génesis 4:9), estas palabras, también, están dirigidas a cada uno de nosotros. ¿Quién es Caín? El es yo mismo. Y Dios le pregunta al Caín en cada uno de nosotros, "¿Dónde está vuestro hermano?" El camino hacia Dios radica en el amor hacia otras personas, y no hay otro camino. Al repudiar a mi hermano, reemplazo la imagen de Dios con la marca de Caín, y niego mi propia humanidad vital.

Al leer las Escrituras, podemos tomar tres pasos. Primero, lo que tenemos en las Escrituras es historia sagrada: la historia del mundo desde la Creación, la historia de la gente elegida, la historia de Dios Encarnado en Palestina, y las "portentosas obras" después de Pentecostés. El Cristianismo que encontramos en la Biblia no es una ideología, ni una teoría filosófica, sino fe histórica.

Entonces debemos tomar un segundo paso. La historia que se presenta en la Biblia es una historia personal. Vemos a Dios interviniendo en momentos y lugares específicos, a medida que entra en diálogo con personas individuales. Él se dirige a cada uno por nombre. Vemos que se nos presentan llamadas específicas emitidas por Dios a Abraham, Moisés y David, a Rebeca y Ruth, a Isaías y los profetas, y luego a María y los Apóstoles. Vemos la selectividad de la acción divina en la historia, no como un escándalo sino como una bendición. El amor de Dios es universal en su campo de acción, pero Él elige encarnarse en un rincón de la tierra en particular, en un tiempo en particular y de una Madre en particular. Hemos de este modo saborear toda la singularidad de la acción de Dios como está registrada en las Escrituras. La persona que ama a la Biblia ama los detalles de fechado y geografía. La Ortodoxia le tiene una intensa devoción a la Tierra Santa, a los lugares preciso donde Cristo vivió y enseñó, murió y resucitó. Una manera excelente de adentrarse más a fondo en nuestra lectura Escriptural es hacer un peregrinaje a Jerusalén y Galilea. Caminar donde Cristo caminó. Ir al Mar Muerto, y sentarse solitariamente sobre la piedras, sentirse como se sintió Cristo durante los cuarenta días de su tentación en el desierto. Beber del pozo en donde le habló a la mujer Samaritana. Ir durante la noche al Jardín de Getsemaní, sentarse en la obscuridad bajo los antiguos olivos y mirar a través del valle hasta las luces de la ciudad. Experimenta plenamente la realidad del escenario histórico, y lleva esa experiencia contigo de regreso a tu lectura Escriptural diaria.

Entonces hemos de tomar un tercer paso. Revivir la historia Bíblica en toda su particularidad, hemos de aplicarla directamente a nosotros. Hemos de decirnos a nosotros mismos, "Todos estos lugares y acontecimientos no están tan solo lejos en tiempo y espacio, sino que también son parte de mi propio encuentro personal con Cristo. Las historias me incluyen."

La traición, por ejemplo, es parte de la historia personal de todos. ¿A caso no hemos traicionado a otros en algún momento de nuestras vidas, y a caso no hemos sabido lo que es ser traicionado, y a caso no deja el recuerdo de esos momentos cicatrices constantes en nuestra psique? Entonces, al leer el relato de la traición de San Pedro a Cristo y de su restauración después de la Resurrección, nos podemos ver como protagonistas en la historia. Imaginando lo que tanto Pedro como Jesús debieron haber experimentado en el momento inmediatamente después de la traición, penetramos en sus sentimientos y los hacemos propios. Soy Pedro; en esta situación ¿puedo también ser Cristo? Al reflexionar de igual manera sobre el proceso de reconciliación — viendo como el Cristo Resucitado con un amor completamente libre de sentimentalismo restauró al Pedro caído a la cofraternidad, al ver como Pedro de su parte tuvo el valor de aceptar esta restauración — nos preguntamos a nosotros mismos: ¿Que tan parecido a Cristo soy ante los que me han traicionado? Y, después de mis propios actos de traición, ¿soy capaz de aceptar el perdón de otros? — ¿soy capaz de perdonarme a mi mismo? O soy tímido, tibio, desidioso, nunca listo para entregarme por completo a nada, ni bueno ni malo? Como dicen los Padres del Desierto, "Es mejor alguien quien ha pecado, si sabe que ha pecado y se arrepiente, que una persona que no ha pecado y se cree recto."

¿He adquirido el arrojo de Santa María Magdalena, su constancia y lealtad, cuando fue a ungir al cuerpo de Cristo en la tumba (Juan 20:l)? ¿Escucho al Salvador Resurrecto llamarme por mi nombre, como la llamó a ella, y respondo Rabboní (Maestro) con su sencillez y plenitud (Juan 20:16)?

Al leer las Escrituras de este modo — en obediencia, como miembro de la Iglesia, encontrando a Cristo en todas partes, viendo todo como parte de mi historia personal — sentiremos algo de la variedad y profundidad que se han de encontrar en la Biblia. Aunque siempre hemos de sentir que en nuestra exploración Bíblica tan solo estamos en el mero comienzo. Somos como alguien que sarpa en un pequeño bote a un océano ilimitado.

"Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino" (Salmo 118 [119]:105).

                                     Catecismo Ortodoxo

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Sunday, September 11, 2016

Akathisto a San Fanurio

Kondaquio I
Defensor de la Fe Ortodoxa, Gran Mártir Fanurio, llenos de alegría y con el corazón lleno de gratitud por los grandes milagros que Dios obra por medio de tu intercesión,
e iluminados por tus martirios te decimos:
Regocíjate, San Fanurio, gran taumaturgo.
Ikos I
Una innumerable multitud de creyentes, da testimonio de las maravillas de tus innumerables milagros con los cuales humillaste a los herejes haciendo resplandecer la fe ortodoxa y llenos de regocijo espiritual te dicen:
Regocíjate, gran Mártir de Cristo el Salvador.
Regocíjate, pues innumerables son los que buscan tu intercesión.
Regocíjate, defensor de la Fe Ortodoxa.
Regocíjate, ayuda de los que te suplican.
Regocíjate, tú que derrotas los oscuros
razonamientos de los paganos.
Regocíjate, tú que haces resplandecer la
verdadera Fe.
Regocíjate, ornamento de los soldados cristianos.
Regocíjate, guerrero victorioso.
Regocíjate, vencedor del maligno.
Regocíjate, maestro de los cristianos.
Regocíjate, tú que iluminas nuestra ignorancia.
Regocíjate, San Fanurio, gran taumaturgo.
Kondaquio II
Aunque pobres sean nuestras alabanzas y no seamos capaces de ensalzarte como es debido, acepta las suplicas de aquellos que con el corazón lleno de humildad y amor te dicen: ¡Aleluya!
Ikos II
Ninguno de nosotros los pecadores podemos decir que no hayas recibido nuestras oraciones, pues conoces nuestra debilidad intercediendo por nosotros ante Cristo; por ello, agradecidos te decimos:
Regocíjate, tú que fuiste elegido por Dios.
Regocíjate, pues sin el conocimiento filosófico desbarataste los errores de los filósofos.
Regocíjate, tú que nos muestras el tesoro de los mandamientos divinos.
Regocíjate, tú que enseñas las leyes a los legisladores.
Regocíjate, alabanza de padres y maestros.
Regocíjate, ornamento de la Iglesia de Cristo.
Regocíjate, tú que pones en evidencia a los herejes.
Regocíjate, tú que te mostraste lleno
de la sabiduría divina.
Regocíjate, tú que resplandeces como luminaria del Espíritu Santo
Regocíjate, valiente luchador del ejército de Cristo.
Regocíjate, ayuda del pueblo ortodoxo.
Regocíjate, San Fanurio, gran taumaturgo.
Kondaquio III
Habiendo sido conquista la isla de Rodas por las impías hordas de los turcos, destruyeron sacrílegamente las Iglesias, destrozando los Santos Iconos y pisoteando las verbales reliquias. Tu nombre quedó oculto durante años más Dios quiso manifestarlo de nuevo por lo que agradecidos cantamos: ¡Aleluya!
Ikos III
Deseando el gobernador de la isla restaurar la muralla, encontraron los restos de una Iglesia cuyos iconos habían sido profanados. No se distinguían ni los nombres ni las imágenes, más en medio de ellos surgió tu imagen milagrosa como si hubiera sido recién escrita no habiéndole afectado ni el tiempo ni el encierro. Llenos de gratitud por tu manifestación te decimos:
Regocíjate, pues llevas en tus sienes la corona inmarcesible.
Regocíjate, alabanza de los fieles.
Regocíjate, tú que sanas a los enfermos.
Regocíjate, tú que eres nuestro intercesor ante Dios.
Regocíjate, tú que libras de los peligros a los que te invocan con fe.
Regocíjate, tú que apagas el fuego de nuestras pasiones espirituales y corporales.
Regocíjate, tú que consuelas a los que sufren los males de la vejez.
Regocíjate, médico anágiro.
Regocíjate, esperanza de los abatidos.
Regocíjate, protección de los desesperados.

Regocíjate, San Fanurio, gran taumaturgo
Kondaquio IV
Oh glorioso Mártir de Cristo, compadécete de nosotros los pecadores que acudimos a ti buscando tu intercesión poderosa, la salud del alma y del cuerpo y la liberación de la esclavitud de las pasiones y ruega por los que cantamos a Dios diciendo: ¡Aleluya!
Ikos IV
Llegando la noticia del hallazgo al piadoso obispo Nilo, corrió éste a contemplar tu imagen pronunciando tu nombre bendito oculto desde hacía tanto tiempo: San Fanurio, Mártir de Jesucristo, nuestro poderoso intercesor ante la Trinidad y al que agradecidos le decimos:
Regocíjate, tú que estás junto a los coros de los ángeles.
Regocíjate, tú que alabas a Dios en el coro invicto de los Mártires
Regocíjate, pronto auxilio del pueblo que te invoca.
Regocíjate, fuente de innumerables milagros.
Regocíjate, gloria de la Ortodoxia.
Regocíjate, pues tu fama es reconocida
en todo el orbe.
Regocíjate, tú que incesantemente derramas el río de los bienes espirituales.
Regocíjate, tú que sacas a los afligidos
de la depresión.
Regocíjate, firme pilar de los cristianos ortodoxos.
Regocíjate, tú que eres albado por hombres y ángeles.
Regocíjate, serafín humano.
Regocíjate,  San Fanurio gran taumaturgo
Kondaquio V
Grandes son los martirios que sufriste por confesar tu fe en Jesucristo, nuestro Dios y Señor y con valentía denunciaste la impiedad del magistrado y haciendo huir a los demonios escondidos en los dioses paganos vencidos por el verdadero Dios al que cantamos diciendo: ¡Aleluya!
Ikos V
Fuiste golpeado con piedras y palos, y tu joven cuerpo fue desgarrado con garfios más con tus manos cruzadas en el pecho todo lo soportabas y elevando tus ojos al cielo ponías en Cristo tus esperanzas, llenos de devoción al contemplar tus martirios te decimos:
Regocíjate, soldado invicto de Cristo.
Regocíjate, defensor de la fe cristiana.
Regocíjate, tú que disipas el hedor del paganismo.
Regocíjate, tú que ofreces a Cristo el perfume
de tus martirios.
Regocíjate, pues haces huir los demonios.
Regocíjate, tú que vences a los enemigos del alma.
Regocíjate, tú que anulas la ponzoña de los ídolos.
Regocíjate, tú que siempre intercedes por nosotros en medio de todos los peligros
Regocíjate, tú que como una luz disipas sus tinieblas.
Regocíjate, tú que siempre nos auxilias en medio de los peligros.
Regocíjate, tú que llenas de esperanza a los afligidos.
Regocíjate, San Fanurio gran taumaturgo
Kondaquio VI
Arrojado en lo más profundo de la prisión y en medio de las tinieblas, pedías fuerzas a Dios para soportar los padecimientos en su nombre. Más el demonio inspiró nuevos tormentos a los impíos pues aún con tus heridas abiertas seguías anunciando la fe en Jesucristo, haciendo la apología con valentía y a pesar de las amenazas y las nuevas torturas que ponían ante tus ojos no cesabas de alabar a Dios diciendo: ¡Aleluya!
Ikos VI
Con antorchas quemaron tu cuerpo los impíos verdugos de duro corazón que enardecidos por tu persistente negativa de adorar a los demonios paganos terminaron por ponerte en una prensa donde molieron tus huesos como se muele el trigo para hacer un pan blanquísimo, ofrecido a Dios. Contemplando tus martirios y viendo en ellos tu rostro sereno y lleno de regocijo divino te decimos:
Regocíjate, firme defensor de la fe Cristiana.
Regocíjate, tú que haces callar a los sabios de este mundo con la sabiduría divina.
Regocíjate, tú que confundes a los magistrados al exponerles la verdadera ley
Regocíjate, pues por tus oraciones son sanadas nuestras almas.
Regocíjate, tú que nos libras de los dolores.
Regocíjate, tú que eres bálsamo que alivia nuestros sufrimientos.
Regocíjate, pues con tus oraciones das fuerza
a los débiles.
Regocíjate, roca firme donde se apoyan los
que son tentados.
Regocíjate columna de los débiles
Regocíjate, ayuda de los que se encuentran
en peligro.
Regocíjate, protector de los desvalidos.
Regocíjate, San Fanurio gran taumaturgo
Kondaquio VII
Como un nuevo Daniel fuiste arrojado en el pozo de los leones más como a él los irracionales te respetan mientras enfurecidos los racionales, cegados por el odio no ven la grandeza del milagro que agradeces a Dios diciendo: ¡Aleluya!
Ikos VII
Aplastado por una losa de mármol seguías alabando a Dios al que tienes en tu corazón puesto sobre todas las cosas de este mundo. Los ídolos tiemblan en tu presencia y satanás enfurecido huye al no poder vencer la fuerza de tu fe. Arrojado al horno entregas allí tu alma a tu creador, ofreciendo tu cuerpo como un sacrificio purísimo al Dador de la vida. Por ello te decimos llenos de devoción:
Regocíjate, pues por tu gran fe se obraron
grandes milagros.
Regocíjate, nuevo Daniel que fuiste respetado
por las fieras.
Regocíjate, tú que humillas a los poderosos.
Regocíjate, tú que derribas las paredes de las prisiones injustas,
Regocíjate, tú que nos libras de los tiranos.
Regocíjate, tú que siempre escuchas
nuestras oraciones.
Regocíjate, poderoso intercesor nuestro ante Dios.
Regocíjate, pues por medio de la fe obras grandes maravillas.
Regocíjate, incienso perfumado que asciende hacia el Altísimo.
Regocíjate, ofrenda agradable a Dios.
Regocíjate, pues por tu intercesión son libradas las almas atormentadas.
Regocíjate, San Fanurio, gran taumaturgo.
Kondaquio VIII
Contemplando las escenas de tus martirios el piadoso Obispo Nilo comprendió la grandeza de tu muerte reconstruyendo la Iglesia donde había sido venerado tu icono que es hasta hoy fuente de milagros y curaciones para los que con fe cantamos a Dios diciendo: ¡Aleluya!
Ikos VIII
Desde todos los lugares del mundo afluyen los fieles a rendir culto a Dios y honrar tu gloriosa memoria oh San Fanurio, suplicando el agua para los campos, la abundancia de las cosechas, el bienestar de los ganados, la ausencia de plagas, el fin de las guerras, la reconciliación entre los hermanos, el bienestar del alma y el cuerpo. Dando gracias por los portentosos milagros que obras por medio de tu icono santo, te decimos:
Regocíjate, tú que libras a los hombres del hambre.
Regocíjate, pues como un segundo Elías traes la lluvia benéfica.
Regocíjate, pues por tu intercesión son abiertas
las nubes.
Regocíjate, tú que proteges los campos y sus frutos.
Regocíjate, tú que concedes abundantes cosechas a los campesinos piadosos
Regocíjate, tú que haces que cesen las plagas.
Regocíjate, tesoro que generosamente es dado
a los pobres.
Regocíjate, nuestra ayuda en los tiempos de carestía.
Regocíjate, auxilio de los que se encuentran necesitados.
Regocíjate, protector de los que te invocan en medio de los peligros
Regocíjate, alabanza y fervor de los cristianos ortodoxos.
Regocíjate, San Fanurio, gran taumaturgo.
Kondaquio IX
Grandes son los milagros que has obrado desde la manifestación de tu icono milagroso. Los sacerdotes se encomiendan a tu especial protección en medio de los peligros que acechan al alma y al cuerpo y experimentando tu celestial patrocinio exclaman: ¡Aleluya!
Ikos IX
Dominando los impíos papistas la isla de Creta prohibieron la presencia de un Obispo ortodoxo que consagrase los sacerdotes necesarios. Partiendo tres diáconos hacia Cirigo para recibir la sagrada ordenación fueron apresados por los piratas que los llevaron a Rodas pidiendo por los tres neosacerdotes un rescate. Junto a ellos en medio de los peligros pero confiando en tu intercesión te decimos llenos de fe:
Regocíjate, glorioso Mártir y abogado nuestro.
Regocíjate, tú que con la fuerza del Espíritu santo venciste el error del paganismo.
Regocíjate, Tú que especialmente intercedes por los sacerdotes ante el trono de Cristo.
Regocíjate, consuelo en los momentos de lucha.
Regocíjate, tu que los libras de los muchos peligros y tentaciones.
Regocíjate, defensor de la Ortodoxia frete el ataque de los papistas.
Regocíjate, fortaleza de los fieles ante error
de los herejes.
Regocíjate, luminaria de la Iglesia que disipas las tinieblas de los cismas.
Regocíjate, lámpara encendida frente a la oscuridad de la mentira.
Regocíjate, estrella luminosa que nos marca el camino hacia la Trinidad indivisa.
Regocíjate, protector de los que en ti buscan
su consuelo.
Regocíjate, San Fanurio, gran taumaturgo.
Kondaquio X
Conociendo los muchos milagros que derramabas sobre la isla de Rodas a ti acudieron suplicantes regando la tierra con sus lágrimas y pidiéndote ser librados del cautiverio de los agarenos, consolados por la seguridad de tu pronto auxilio cantaron llenos de alegría: ¡Aleluya!
Ikos X
Manifestándote en sueños a los impíos les conminaste a liberar a los siervos de Dios, más negándose fueron castigados con la ceguera y la parálisis de sus miembros hasta que los tres sacerdotes quedaron libres y pudieron volver a su tierra. Asombrados por tu gran poder te decimos:
Regocíjate, tú que intercedes siempre por los que acuden buscando tu protección.
Regocíjate, libertador de los cautivos.
Regocíjate, tu que rompes las cadenas de los esclavos por el pecado.
Regocíjate, protector de los sacerdotes.
Regocíjate, defensor de los servidores del altar.
Regocíjate, alegría de los ministros de Cristo.
Regocíjate, intercesor de los pastores de la Iglesia.
Regocíjate, tú que castigas a los que los injurian.
Regocíjate, tú que eres implacable con los que
buscan su caída.
Regocíjate, vengador de los que son injustamente difamados.
Regocíjate, Mártir glorioso, pues por ti
somos consolados.
Regocíjate, San Fanurio, gran taumaturgo.
Kondaquio XI
Oh Fanurio, Portador de Dios, escucha nuestras oraciones para que por tu poderosa intercesión seamos salvados de todo peligro y adversidad como los que se vieron en medio de la tempestad en medio del mar y suplicaron tu ayuda, que con ellos podamos nosotros cantar: ¡Aleluya!
Ikos XI
Buscando siempre el bien de los hombres sales siempre a nuestro encuentro para ayudarnos en nuestras necesidades y librándonos de todo peligro y aflicción, por lo que agradecidos te decimos:
Regocíjate, tú que rescatas a los navíos que se encuentran entre las grandes olas en medio de las tormentas.
Regocíjate, tú que libras de la desesperación
a los nadadores.
Regocíjate, tú que salvas a los que están en medio de los naufragios.
Regocíjate, tú que con tus oraciones calmas la furia de las tempestades.
Regocíjate, tú que como una luz disipas sus tinieblas.
Regocíjate, tú que acallas el fragor de los truenos.
Regocíjate, tú que apagas el fulgor del rayo.
Regocíjate, tú que siempre nos auxilias en medio
de los peligros.
Regocíjate, tú que llenas de esperanza a los afligidos.
Regocíjate, tú que siempre intercedes por nosotros ante Dios.
Regocíjate, San Fanurio, gran taumaturgo.
Kondaquio XII
Glorioso San Fanurio, innumerables son los milagros con los que proteges y consuelas a tus fieles. Por ello te suplicamos que nos concedas un clima favorable para que crezcan las semillas y den los árboles sus frutos. Protege a los niños y a los necesitados que cantan a Dios diciendo: ¡Aleluya!
Ikos XII
¡Cuantos son los pobres y menesterosos que han sentido tu protección! Ahora somos nosotros los que nos postramos ante tu icono milagroso pidiéndote que nos asistas en nuestras necesidades, para que libres de las angustias que nos rodean podamos alabarte diciendo.
Regocíjate, padre de los pobres.
Regocíjate, tú que cuidas a los que han sido privados de todo.
Regocíjate, tú que iluminas los problemas que nos acucian.
Regocíjate, pues por tus oraciones son calmadas las furias de la naturaleza.
Regocíjate, tú que haces brillar la verdad para consuelo de los que han sido calumniados.
Regocíjate, tú que asistes a los que se encuentran en medio de grandes necesidades
Regocíjate, tú que castigas el egoísmo de los avaros.
Regocíjate, pues por tus oraciones nos vemos remediados.
Regocíjate, tesoro de dones de Cristo Salvador.
Regocíjate, tú que alimentas a los hambrientos y vistes a los desnudos
Regocíjate, San Fanurio, gran taumaturgo.
Ikos XIII
Glorioso Mártir San Fanurio, poderoso intercesor nuestro ante la Santísima Trinidad. Con lágrimas en los ojos agradecemos tus innumerables milagros y te suplicamos que sigas escuchando las preces de los que nos postramos ante tu icono taumaturgo y cantamos llenos de júbilo: ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
Ikos I
Una innumerable multitud de creyentes, da testimonio de las maravillas de tus innumerables milagros con los cuales humillaste a los herejes haciendo resplandecer la fe ortodoxa y llenos de regocijo espiritual te dicen:
Regocíjate, gran Mártir de Cristo el Salvador.
Regocíjate, pues innumerables son los que buscan tu intercesión.
Regocíjate, defensor de la Fe Ortodoxa.
Regocíjate, ayuda de los que te suplican.
Regocíjate, tú que derrotas los oscuros
razonamientos de los paganos.
Regocíjate, tú que haces resplandecer la
verdadera Fe.
Regocíjate, ornamento de los soldados cristianos.
Regocíjate, guerrero victorioso.
Regocíjate, vencedor del maligno.
Regocíjate, maestro de los cristianos.
Regocíjate, tú que iluminas nuestra ignorancia.
Regocíjate, San Fanurio, gran taumaturgo.
Kondaquio I
Defensor de la Fe Ortodoxa, Gran Mártir Fanurio, llenos de alegría y con el corazón lleno de gratitud por los grandes milagros que Dios obra por medio de tu intercesión, e iluminados por tus martirios te decimos:
Regocíjate, San Fanurio, gran taumaturgo.

Oración.

Oh dichoso mártir de Cristo, no quiso dejar Dios oculta tu memoria ni que fuera borrada por el paso de los siglos. Manifestando tu icono en la isla de Rodas, desde allí se extendió la fama de tus milagros por toda la Iglesia Ortodoxa acudiendo los fieles desde todas las partes del orbe a suplicar ante tu milagrosa imagen la salud del alma y el cuerpo, y el remedio de todas las necesidades. Te tenemos como poderoso intercesor nuestro ante Dios y contemplando tus gloriosos martirios: las pedradas, los golpes con las varas, los garfios de hierro que desgarraron tu cuerpo, las quemaduras que te produjeron las antorchas, la prensa que trituró tus huesos, el foso de las fieras salvajes, la losa de mármol con que aplastaron tu cuerpo, las brasas encendidas que pusieron en tus manos, y el horno al que fuiste arrojado, te pedimos que ya que por ellos recibiste la corona inmarcesible y estás en los cielos, junto a los coros de los ángeles y al invicto ejército de los mártires, le supliques a Dios por nosotros. Pídele que nos veamos siempre libres de toda enfermedad y dolencia del alma y del cuerpo; que por tus oraciones podamos vencer a los innumerables enemigos visibles e invisibles que nos acechan; que sean libradas las cosechas de toda plaga y sean derramadas por los cielos las lluvias en los momentos oportunos; cuida de los ganados y libra a los campos del pedrisco y el fuego. Concede fertilidad a las esposas y cuida a los lactantes; guarda a los niños y a los jóvenes. Haz que los esposos sean fieles y consuela a los ancianos. Guarda a la Iglesia en al Santa Fe Ortodoxa, librándonos de todas las herejías y cismas. Protege a los servidores del altar, especialmente a los sacerdotes, líbralos de todo mal y pide para ellos a Dios que los haga dignos pastores del rebaño que les ha sido encomendado. Y a nosotros pecadores que nos postramos ente tu venerada imagen concédenos poder unirnos a la alabanza celestial de los justos ante la Santísima Trinidad, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración por la Madre de San Fanurio.
Oh glorioso San Fanurio, que según revelaste a un piadoso sacerdote, a pesar de la pureza de tu vida y tu gran devoción y amor a Jesucristo, no pudiste convertir a tu amada madre, que según tu dijiste era una gran pecadora, consolados por la promesa de atender las oraciones de aquellos que rueguen a Dios por ella le pedimos que perdone sus pecados voluntarios e involuntarios y se apiade de su alma, pues sólo Él es misericordioso. Amén.

                                  Catecismo Ortodoxo

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