Sunday, December 4, 2016

Akathisto a la Madre de Dios Que ablanda los Corazones Malvados




Kontaquio I

Clamemos con gran emoción a la Virgen María, enteramente más noble que todas las hijas de la tierra, Madre del Hijo de Dios, que dio la salvación al mundo. Mira nuestra vida llena de completo dolor y recuerda el sufrimiento y la pena que sufriste, tú que naciste en la tierra como nosotros, y obra con nosotros según tu misericordioso corazón, para que te clamemos:
¡Alégrate, oh afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados!

Ikos I

Un ángel anunció el nacimiento del Salvador del mundo a los pastores en Belén, y con la multitud de las huestes celestiales alabó a Dios, cantando: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz y buena voluntad entre los hombres”. Pero tú, oh Theotokos, sin tener un lugar donde reclinar tu cabeza, pues no había lugar en la posada, diste a luz a tu Hijo primogénito en una cueva y, envolviéndolo en pañales, lo acostaste en un pesebre. Conociendo la pena de tu corazón, te clamamos:

Alégrate, pues fuiste enardecida por el aliento de tu propio Hijo amado.

Alégrate, pues envolviste al Hijo eterno en pañales.

Alégrate, pues alimentaste con tu leche al que sostiene el universo.

Alégrate, pues convertiste una cueva en el cielo.

Alégrate, pues pusiste tu trono sobre los querubines.

Alégrate, pues permaneciste Virgen antes y después de tu alumbramiento.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.

Kontaquio II
Viendo a tu Hijo eterno envuelto en pañales y acostado en un pesebre, los pastores de Belén vinieron a adorarlo y contaron lo que los ángeles les habían dicho sobre el Niño. Pero María guardó todo esto en su corazón. Y después de ocho días Jesús fue circuncidado según la ley de Israel, como un hombre. Alabando tu humildad y paciencia, oh Theotokos, cantamos al Eterno y Buen Dios: ¡Aleluya!

Ikos II

Teniendo su entendimiento basado en Dios y guardando la Ley del Señor, al cuadragésimo día, cuando los días de la purificación se completaron, sus padres llevaron a Jesús a Jerusalén para que pudieran presentarlo ante el Señor y ofrecer un sacrificio por Él según el mandato del Señor. Por eso te clamamos, oh Theotokos, así:

Alégrate, pues llevaste al Creador del universo al templo de Jerusalén para cumplir la Ley.

Alégrate, pues allí te encontraste gozosamente con el anciano Simeón.

Alégrate, única Pura y bendita entre todas las mujeres.

Alégrate, pues con humildad cargaste tu cruz adornada con penas.

Alégrate, pues nunca desobedeciste la voluntad de Dios.

Alégrate, pues te revelaste como modelo de paciencia y humildad.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.



Kontaquio III

Fuiste fortalecida con el poder de lo alto, oh Theotokos, cuando escuchaste las palabras del anciano Simeón que te dijo: “Mira, este Niño está destinado a ser el ascenso y la caída de muchos en Israel. Esta es una señal de la que se hablará en contra y una espada atravesará tu alma para que los pensamientos de muchos sean revelados”. Y una gran aflicción entró en el corazón de la Theotokos y con dolor clamó a Dios: ¡Aleluya!

Ikos III

Apresurándose a destruir al Niño, Herodes ordenó matar a todos los niños de Belén y los alrededores, de dos años de edad y menores, según la edad que determinó por los Magos. Y he aquí, según el mandato de Dios, el anciano José fue informado por un ángel en un sueño de que huyera con la Santa Familia a Egipto y permaneciera allí hasta la muerte de Herodes. Por eso, con compunción, te clamamos, oh Theotokos:

Alégrate, pues llevaste toda el agitación al exilio.

Alégrate, pues todos los ídolos de la tierra de Egipto cayeron sin poder soportar el poder de tu Hijo.

Alégrate, pues permaneciste siete años entre los indignos paganos.

Alégrate, pues llegaste a Nazaret con el joven primogénito y con tu esposo.

Alégrate, pues viviste con el anciano José el carpintero en la pobreza.

Alégrate, pues pasaste tu tiempo en duras labores.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.





Kontaquio IV

Un torrente de sufrimientos cubrió a la purísima Madre cuando regresaron de Jerusalén, sin encontrar al joven Jesús en la caravana. Por esta razón regresaron para buscarlo, y después de tres días lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas. Y su Madre le preguntó: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? He aquí, tu padre y yo sufrimos grandemente por ti”. Y Jesús les respondió: ¿Por qué me buscabais? ¿No conocéis las cosas que mi Padre me ha confiado?”. Y tú, oh Purísima, guardaste estas palabras en tu corazón, clamando a Dios: ¡Aleluya!

Ikos IV

La Theotokos escuchó que Jesús viajaba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y sanando toda clase de enfermedades y dolencias entre la gente. Y su reputación se extendió por Siria y le llevaban toda clase de enfermos; y a los que sufrían y a los atormentados por demonios, y a los paralíticos, los sanaba. Pero Tú, oh Theotokos, conociendo la profecía, te apenaste en tu corazón, sabiendo que muy pronto llegaría el tiempo en el que Tu Hijo se presentaría como un sacrificio por los pecados del mundo. Por esta razón, te bendecimos, oh afligida Theotokos, clamando:

Alégrate, pues entregaste a tu Hijo al servicio del pueblo judío.

Alégrate, pues te entristeciste en tu corazón, pero te sometiste a la voluntad de Dios.

Alégrate, pues salvaste al mundo de la avalancha del pecado.

Alégrate, pues aplastaste la cabeza de la antigua serpiente.

Alégrate, pues te ofreciste a ti misma como sacrificio vivo a Dios.

Alégrate, oh bendita, el Señor es contigo.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.

Kontaquio V

Predicando el Reino de Dios en la tierra, Jesús expuso la arrogancia de los fariseos que se imaginaban a sí mismos como justos. Pero cuando escucharon sus parábolas entendieron que eran de ellos de quienes hablaba y trataron de arrestarlo, pero temieron al pueblo, que lo consideraba un profeta. Viendo todo esto, la Theotokos se entristeció por su Hijo y temió que lo mataran, clamando con aflicción: ¡Aleluya!

Ikos V


Algunos de los judíos, viendo la resurrección de Lázaro, acudieron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho. Y Caifás, que era el sumo sacerdote de aquel año, dijo: “Es mejor para nosotros que muera un solo hombre por el pueblo, para que no perezca toda la nación”. Desde aquel día buscaron cómo podían matarlo. Por eso te clamamos a ti, oh Purísima:

Alégrate, tú que diste a luz al Salvador del mundo.

Alégrate, fuente de nuestra salvación.

Alégrate, pues fuiste elegida desde tu nacimiento para ser la Madre de nuestro Salvador.

Alégrate, Theotokos, destinada a sufrir.

Alégrate, oh bendita, que presides como Reina del Cielo.

Alégrate, oh bendita, tú que ruegas siempre por nosotros.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.



Kontaquio VI

Una vez, uno de los predicadores del Verbo de Dios, y ahora un traidor, Judas Iscariote, uno de los doce apóstoles, acudió al sumo sacerdote para traicionar a su maestro. Lo escucharon, alegrándose profundamente y prometieron darle treinta monedas de plata. Pero tú, oh Theotokos, te entristeciste por tu Hijo amado, y clamaste con pesar a Dios: ¡Aleluya!

Ikos VI

Tomando parte en la Última Cena con los discípulos, en la que Cristo les lavó los pies, revelando así un ejemplo de humildad, Cristo les dijo: “Uno de vosotros me traicionará”. Pero nosotros, sufriendo con la Theotokos, le clamamos:

Alégrate, Theotokos, que languideces con la tortura de tu corazón.

Alégrate, pues lo sufriste todo en este triste valle.

Alégrate, pues encontraste consuelo en la oración.

Alégrate, alegría de los que sufren.

Alégrate, pues nos rescatas del fango del pecado.

Alégrate, vasija llena de la gracia del Espíritu Santo.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.

Kontaquio VII

Deseando mostrar su amor por la raza humana, el Señor Jesucristo bendijo y partió el pan en la Mística Cena, y lo dio a sus discípulos y apóstoles, diciendo: “Tomad, comed, esto es Mi Cuerpo”. Y tomando el cáliz, y dando gracias, se lo dio diciendo: “Bebed todos de él, pues esta es Mi Sangre de la Nueva Alianza que es derramada por muchos para la remisión de los pecados”. Dando gracias al Dios compasivo por su inefable misericordia con nosotros, le cantamos: ¡Aleluya!.

Ikos VII

El Señor reveló un nuevo signo de su misericordia a sus discípulos cuando prometió enviarles al Consolador, el Espíritu de la Verdad, que descendería del Padre y sería testigo de Él. Y a ti, oh Theotokos, santificada de nuevo el día de Pentecostés por el Espíritu Santo, te clamamos:

Alégrate, mansión del Espíritu Santo.

Alégrate, cámara nupcial brillantemente iluminada.

Alégrate, amplia morada de Dios el Verbo.

Alégrate, pues nos abriste las puertas el paraíso por tu alumbramiento.

Alégrate, pues nos revelaste el signo de la misericordia divina.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.

Kontaquio VIII

Nos es a la vez extraño y triste escuchar cómo traicionó Judas Iscariote a su Maestro y Señor con un beso. Y después, la multitud, los soldados y los siervos de los judíos arrestaron a Jesús, lo ataron y lo condujeron primero ante Ananías y luego ante el sumo sacerdote Caifás. Pero tú, oh Theotokos, esperando la sentencia de muerte de tu amado Hijo, clamaste a Dios: ¡Aleluya!

Ikos VIII

Los judíos llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio, ante Pilato, diciendo que era un criminal. Pero Pilato, después de preguntarle, les dijo que no encontraba ningún crimen en Él. Y nosotros te clamamos con compunción, oh Theotokos, que viste la calumnia de tu Hijo:

Alégrate, tú, cuyo corazón se rompió por la pena.

Alégrate, pues vertiste lágrimas por tu Hijo.

Alégrate, pues viste a tu amado Niño llevado a juicio.

Alégrate, pues lo sufriste todo sin quejarte, como una verdadera sierva del Señor.

Alégrate, a pesar de tu llanto y tu lamento.

Alégrate, oh Reina del Cielo, que aceptas las oraciones de tus siervos.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.

Kontaquio IX

Todas las generaciones te bendicen, pues eres más honorable que los querubines e incomparablemente más gloriosa que los serafines, nuestra Señora y Madre de nuestro Redentor, pues tu alumbramiento ha regocijado al mundo entero. Pero sufriste el gran dolor final cuando viste a tu amado Hijo insultado, azotado y sentenciado a muerte. Por esta razón te presentamos nuestra sincera alabanza, oh Purísima, cantando a Dios Todopoderoso: ¡Aleluya!

Ikos IX

Los grandes oradores no son capaces de describir todos los sufrimientos que padeciste, oh Salvador nuestro, como cuando los soldados te colocaron una corona de espinas en tu cabeza y te revistieron con una túnica púrpura diciendo: “Salve, Rey de los judíos”, y te abofeteaban en la cara. Pero nosotros, oh Theotokos, reconociendo tu sufrimiento, te clamamos:

Alégrate, pues viste a tu hijo inmolado por nosotros.

Alégrate, pues lo viste vestido de púrpura y llevando una corona de espinas.

Alégrate, pues viste torturado a Aquel que alimentaste con tu leche.

Alégrate, pues sufriste Su pasión junto a Él.

Alégrate, pues viste a todos sus discípulos abandonarlo.

Alégrate, pues lo viste condenado por el juicio de los injustos.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.

Kontaquio X

Queriendo salvar a Jesús, Pilato dijo a los discípulos: “Tenemos la costumbre de liberar a un prisionero durante la fiesta de la Pascua. “¿Queréis que libere al Rey de los judíos?”. Todos clamaron diciendo: “No a él, sino a Barrabás”. Alabamos la gran misericordia del Padre celestial, que amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo Unigénito a la muerte en la cruz para redimirnos de la muerte eterna y por eso le clamamos: ¡Aleluya!

Ikos X

Sé una muralla y una fortaleza para nosotros, oh Señora, pues estamos sobrecargados por las penas y los sufrimientos. Pues tú misma sufriste escuchando a los judíos clamar: “Crucifícalo, crucifícalo”. Escúchanos ahora clamando ante ti: Alégrate, Madre de misericordia, que enjugas las lágrimas de los que sufren cruelmente.

Alégrate, pues nos concedes lágrimas de un sincera compunción.

Alégrate, pues salvas a los pecadores perdidos.

Alégrate, protección de los cristianos que no pueden ser avergonzados.

Alégrate, pues nos salvas de nuestras pasiones.

Alégrate, pues concedes consuelo a los corazones destrozados.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.

Kontaquio XI

Ofrecemos un himno de sincera congoja al Salvador del mundo por su pasión voluntaria y porque llevó su cruz al Gólgota para ser crucificado. Ante la cruz de Jesús estaba su Madre, María de Cleofás y María Magdalena. Pero Jesús, viendo a su Madre y a su discípulo amado allí, le dijo a su discípulo: “He ahí a tu madre”. Y desde aquel momento el discípulo la acogió en su casa. Pero tú, oh Theotokos, viendo a tu Hijo y Señor en la cruz quedaste desolada, y clamaste a Dios en las alturas: ¡Aleluya!

Ikos XI

“Oh Hijo mío y Dios Pre-Eterno, Creador de todo. Oh Señor, ¿cómo pudiste soportar el sufrimiento en la cruz?”. Así, la Virgen pura clamó diciendo: “Por tu asombroso nacimiento, oh Hijo mío, he sido exaltada por encima de todas las madres, pero ¡ay de mi!. Ahora, cuando te veo, mi vientre arde en su interior”. Por eso vertemos lágrimas recordándote, y le clamamos:

Alégrate, pues fuiste privada del gozo y la alegría.

Alégrate, pues viste la pasión voluntaria de tu Hijo en la cruz.

Alégrate, pues viste a tu Hijo amado profundamente herido.

Alégrate, oh cordera, viendo a tu Hijo como un cordero llevado al matadero.

Alégrate, pues viste al Liberador de las heridas del alma y del cuerpo, cubierto de heridas.

Alégrate, pues viste a tu Hijo resucitado de entre los muertos.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.



Kontaquio XII

Oh misericordioso Salvador, concédenos misericordia, exhalando tu Espíritu desde la cruz y borrando la multitud de nuestros pecados. “He aquí, mi dichosa luz, mi Dios, se ha extinguido en la Cruz”, clamó la Virgen con gran angustia. “Oh José, dirígete a Pilato, acércate a él y pídele bajar a tu Maestro de la cruz”. “Viendo tu cuerpo herido, desnudo y sin gloria sobre la cruz, oh mi Niño, una espada atravesó mi alma según la profecía del anciano Simeón”, dijo la Theotokos, cantando: ¡Aleluya!

Ikos XII

Alabando tu misericordia, oh Amante de la humanidad, nos inclinamos ante tu generosa misericordia, oh Maestro. La Purísima dijo: “Deseando salvar a tus criaturas, te has entregado a la muerte”. Pero por tu resurrección, oh Salvador, ten misericordia de todos nosotros, mientras nos dirigimos cantando a tu purísima Madre:

Alégrate, pues viste al bondadoso Señor muerto y sin respiración.

Alégrate, pues besaste el cuerpo de tu amado Hijo.

Alégrate, pues viste a tu Divina Luz como un cadáver herido y desnudo.

Alégrate, pues pusiste a la Luz del mundo en la tumba.

Alégrate, pues envolviste su cuerpo en un sudario nuevo.

Alégrate, pues contemplaste su Resurrección de entre los muertos.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.


Kontaquio XIII se repite 3 veces

Oh alabadísima Madre, aplastada por los dolores en la cruz de tu Hijo y Dios, acepta nuestras lágrimas y expresiones de pesar y sálvanos de todo sufrimiento, aflicción y muerte eterna, a los que esperamos en tu inefable ternura y clamamos a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Oh alabadísima Madre, aplastada por los dolores en la cruz de tu Hijo y Dios, acepta nuestras lágrimas y expresiones de pesar y sálvanos de todo sufrimiento, aflicción y muerte eterna, a los que esperamos en tu inefable ternura y clamamos a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Oh alabadísima Madre, aplastada por los dolores en la cruz de tu Hijo y Dios, acepta nuestras lágrimas y expresiones de pesar y sálvanos de todo sufrimiento, aflicción y muerte eterna, a los que esperamos en tu inefable ternura y clamamos a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Kontaquio I

Clamemos con gran emoción a la Virgen María, enteramente más noble que todas las hijas de la tierra, Madre del Hijo de Dios, que dio la salvación al mundo. Mira nuestra vida llena de completo dolor y recuerda el sufrimiento y la pena que sufriste, tú que naciste en la tierra como nosotros, y obra con nosotros según tu misericordioso corazón, para que te clamemos:
¡Alégrate, oh afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados!

Ikos I

Un ángel anunció el nacimiento del Salvador del mundo a los pastores en Belén, y con la multitud de las huestes celestiales alabó a Dios, cantando: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz y buena voluntad entre los hombres”. Pero tú, oh Theotokos, sin tener un lugar donde reclinar tu cabeza, pues no había lugar en la posada, diste a luz a tu Hijo primogénito en una cueva y, envolviéndolo en pañales, lo acostaste en un pesebre. Conociendo la pena de tu corazón, te clamamos:

Alégrate, pues fuiste enardecida por el aliento de tu propio Hijo amado.

Alégrate, pues envolviste al Hijo eterno en pañales.

Alégrate, pues alimentaste con tu leche al que sostiene el universo.

Alégrate, pues convertiste una cueva en el cielo.

Alégrate, pues pusiste tu trono sobre los querubines.

Alégrate, pues permaneciste Virgen antes y después de tu alumbramiento.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.



Oración a la Santísima Madre “Ablanda los corazones malvados”

Oh afligida Theotokos, más exaltada que todas las siervas, según tu pureza y por la multitud de los sufrimientos padecidos en la tierra. Escucha nuestras súplicas y ablanda los corazones de los malvados hombres, y protégenos bajo el amparo de tu misericordia. Pues no conocemos otro refugio y otra ardiente intercesora a parte de ti, mas como tienes gran confianza ante el que nació de Ti, ayúdanos y sálvanos por tus oraciones, para que sin ofensa podamos alcanzar el Reino celestial donde, con los santos, cantaremos el himno tres veces santo a Único Dios Todopoderoso en la Santa Trinidad, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Tropario, tono 5

Ablanda nuestros corazones, oh Theotokos, y extingue los ataques de los que nos odian, y libera todo el asedio de nuestras almas. Pues contemplando tu santo icono, nos llenamos de compunción por tus sufrimientos y tu amorosa bondad con nosotros, y besamos tus heridas. Nos atemorizamos por las dagas con las que te herimos. Oh Madre de la compasión, por la crueldad de nuestros corazones, no dejes perecer en la crueldad de corazón a los que están cerca de nosotros. Pues tú eres en verdad la que ablanda los corazones malvados.

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Monday, November 28, 2016

Para los cristianos ortodoxos... (Hieromonje Seraphim Rose )


“Aquel que ha detenido la aparición en el mundo del Anticristo, el hombre de la iniquidad y anarquía, el último y más poderoso enemigo de Cristo y su Iglesia, es -de acuerdo a la enseñanza de San Juan Crisóstomo y otros Padres de la Iglesia- la legitima autoridad, tal como como fue representada y simbolizada por el Imperio Romano. Esta idea fue supremamente encarnada en el Imperio Cristiano: primero en Bizancio, cuando Constantinopla era la segunda Roma, y luego en el Imperio Ruso Ortodoxo, cuando Moscú fue la Tercera Roma. En 1917 la “Era Constantiniana” ha venido a su fin, el Imperio Ortodoxo ha sido derrocado-y el mundo, comenzando con Moscú, ha sido arrojado a una era de ausencia de leyes y ateísmo (y en la vida cristiana, de apostasía) como no se ha visto antes. El Zar Nicholas II fue el último representante de este ideal de legítima autoridad cristiana, y la era de ausencia de leyes ha comenzado apropiadamente con su asesinato. Para los cristianos ortodoxos, sin embargo, la nueva era comienza con un mártir: un testigo para la Iglesia Ortodoxa, fiel hasta el fin a su Iglesia y su sagrada vocación... El fenómeno mismo del Zar-Mártir es una fuente de inspiración para los cristianos ortodoxos. Pero ésta es sólo parte de la significancia ortodoxa de Nicolás II. Su piedad personal y carácter cristiano, y su activo papel como un Zar que ha promovido un verdadero renacimiento ortodoxo, haciéndose el último y uno de los más grandes representantes de la tradición monárquica ortodoxa”


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Antes del advenimiento del Anticristo.. ( San Juan de Shangai y San Francisco )


“Antes del advenimiento del Anticristo, ya está siendo preparada en el mundo la posibilidad de su surgimiento: El misterio de la iniquidad ya está en acción

(II Tesalonicenses 2: 7). Las fuerzas que preparan su venida, luchan, sobre todo, contra la legitima Autoridad Imperial... San Juan Crisóstomo explica que aquel que lo detiene es la legítima y devota autoridad: tal autoridad lucha contra el mal. Por esta razón, el “misterio”, que ya está en acción en el mundo, combate contra esta autoridad; desea una autoridad ilegitima. Cuando el "misterio" de manera decisiva logre alcanzar a aquella autoridad, nada podrá ya más obstaculizar el surgimiento del Anticristo”

San Juan de Shangai y San Francisco 

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Saturday, November 26, 2016

Los Monjes y los Demonios ( San Teófano el Recluso )


San Teófano El Recluso, Consejos a los Ascetas


El arsenal de los demonios se distingue por su abundancia y diversidad. El arma que habitualmente usan son los Logismoi, los «Pensamientos», a veces buenos en sí, pero en general malos y perversos. El demonio no da la Cara, se agazapa detrás de los malos impulsos que están dentro del hombre —y aun detrás de los buenos — y se sirve de ellos insidiosamente para perderle. Según nuestros maestros, es ésta su única manera de atacar a los monjes novatos. Así, apenas Antonio ha abandonado el mundo, pretende hacerle retroceder recordándole los bienes que ha dejado, el cuidado que debe tener de su hermana, sus afectos familiares, los placeres de la vida y la dificultad de la virtud. Como se ve, estos pensamientos no son precisamente malos, y por eso resultan más temibles.

Pero se sirven también los demonios de otras tentaciones realmente brutales, como Pensamientos de lujuria, particularmente indicados para vencer a los jóvenes. Son los Ocho Logismoi O «Vicios Capitales» .Según Evagrio, ocho son en total los Pensamientos genéricos que comprenden todos los Pensamientos: el primero es el de Glotonería (Gastrimargía); después viene el de la Fornicación (Porneía); el tercero es el de la Avaricia (Phylargyria); el cuarto, el de la Tristeza (lypé); el quinto, el de la Cólera (Forgé); el sexto, el de la Acedía (Akedía);el séptimo, el de la Vanagloria (kenodoxía); el octavo, el del Orgullo (Hyperephanía)”.

Otras armas importantes en manos de los demonios son

las Visiones  y Alucinaciones, que suelen usar cuando fracasan los Logismoi. El demonio se aparece bajo una de las formas engañosas que hemos mencionado arriba y otras similares. Son las tentaciones más conocidas de los anacoretas y tienen por fin excitar la lujuria, la gula, el miedo, etc. Una tercera categoría está constituida por las formas piadosas o sobrenaturales que a veces adopta el Tentador. Para poder engañar al solitario, los diablos son capaces incluso de sostener conversaciones espirituales, cantar salmos y citar la Escritura.

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Oración de San Sergio de Radonezh



 

Gran Patrimonio de todos los Ortodoxos

más venerado y llamamiento santo amor universal en Rusia ha sido y sigue siendo Sergio de Rádonezh.Tal reconocimiento que se merecía por su forma de vida y la extraordinaria devoción de la gloria de la ortodoxia rusa. 

Camino de San Sergio de Radonezh

Sergio de Rádonezh - uno de los santos más venerados (años de vida 1314 -1392), que fundó varios monasterios.Transformó el monje ruso, introduciendo el concepto de "altos Lives" (prueba de la posibilidad de un ejemplo tan personal), ha creado una excelente escuela de los estudiantes continúan su trabajo, reunido los boyardos alrededor Príncipe Dmitry Donskoy y predijo su victoria en la batalla de Kulikovo (para lo cual oró apasionadamente en su celda).Por último, la ideología de la gran nación rusa como la fundación del Estado.Poder

y eficacia de la oración Sergio de Rádonezh nunca ha sido cuestionado por numerosos creyentes, porque "el abad de la Tierra Rusa" venerado como el mayor protector e intercesor ante el Señor.Para él, buscar ayuda en cua

lquier asunto vital.

por el mismo Sergio especialmente venerado oración por el fortalecimiento de la fe.Sólo la fe puede vivir la vida "angelical" y para lograr tal reconocimiento y adoración, incluso renunciar a su cargo como jefe de la Iglesia rusa.En vivo la fama atrajo a la gente en el monasterio de Sergiev-Trinidad sólo para ver San Sergio.Oraciones
Para Ayudar

De acuerdo con la biografía, terminó en 1417 discípulo Epifanio el Sabio, el hijo mediano Boyar Cyril notablemente atrasado en la enseñanza de sus pares que angustiada y profesores, y los padres.Después de su encuentro con un monje monje ermitaño en Bartolomé (un nombre dado al nacer Rev.) descendió la gracia de Dios, y él se convirtió en el primer estudiante.

Por lo tanto, el más popular de oración Sergio de Rádonezh examen con éxito, que son eficaces para la entrega de cualquier objeto en cualquier institución educativa.

no siempre y no todos los científicos vienen fácilmente y con alegría.Durante siglos, en tales situaciones, y los niños, y los padres deben (junto con los sujetos de estudio) hacer oración Sergio de Rádonezh ayuda en la enseñanza.Título

monje "Reverendo" ganó muy pronto, a los 23 años de edad.Dos años monje Bartolomé solo, libre de amenazas y tentaciones, terminó la construcción de células y la Iglesia de la Trinidad, que se convirtió en el fundamento de la Trinidad-Sergio Lavra.

Entre las muchas oraciones, que están dando vuelta a los grandes "santos", hay una oración San Sergio de Radonezh del exitoso comienzo y fin de todas las cosas.

felizmente escapó en su vida de persecuciones y torturas, no fue necesario en la vida monástica santo "tortura de la carne."Insistió en que la vida del monje debe estar dirigido a fortalecer el espíritu (ayudado por el rechazo de los pecados "seculares": el odio, la riqueza, el poder y la violencia), entonces las tentaciones serán menos, y no hay necesidad de torturar a la carne.Por lo tanto, es la oración sincera de San Sergio de Radonezh en el fortalecimiento del poder de la fe y el espíritu. 

Grandes hazañas de San

En 1452, el gran líder de la iglesia fue canonizado, es decir canonizado oficialmente, y la oración a San Sergio de Radonezh ganaron su legitimidad.

Sergei arrastró monjes de todas partes de Rusia.Después de la muerte del santo fue construido 40 templos.Y la Trinidad-Sergio Lavra fue en un tiempo un bastión seguro del joven la condición de Estado en Rusia.Cada oración, creado dentro de sus muros, es un homenaje al más grande hombre de feliz memoria, gracias a las actividades que constituyen la base de un país poderoso.

a él como un gran mecenas de la oración y dirigida de cuatro Akathist en la que los fieles le piden la curación de la mente y el cuerpo, para ayudar en la educación de la prole, para la protección y guía por el camino correcto en la cara del Juicio Final.

Catecismo Ortodoxo 

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Monday, November 21, 2016

COMIENZA LA ABSTINENCIA DE NAVIDAD (AYUNO). ( Padre Alexander Schmemann )


Como Cristianos Ortodoxos, nosotros comenzamos la celebración del Nacimiento de Cristo (25 de diciembre) con un tiempo de preparación. Cuarenta días antes de la fiesta del nacimiento de Nuestro Señor nosotros entramos en el período del ayuno de Navidad: para purificar nuestra alma y nuestro cuerpo para entrar propiamente y compartir la gran realidad espiritual de la venida de Cristo. Esta época del ayuno no es tan intensa litúrgicamente como es característica de la Gran Cuaresma; más bien, la Cuaresma de Navidad es más "ascética" que "litúrgica." No obstante, el ayuno de Navidad se refleja en la vida de la Iglesia en varias notas litúrgicas que anuncian la fiesta venidera.
Dentro de los cuarenta días de preparación el tema del Nacimiento se introduce en los servicios y las conmemoraciones litúrgicas, poco a poco. Si el principio del ayuno el 15 de noviembre no se marca litúrgicamente por cualquier himno, cinco días después, en la víspera de la Fiesta de la Entrada de la Theotokos en el Templo, nosotros tenemos el primer anuncio de los nueve "hirmos" del Canon de Navidad: "¡Cristo ha nacido, glorifíquemosle! "
Con estas palabras algo cambia en nuestra vida, en el aire que nosotros respiramos, en todo el ánimo de la vida de la Iglesia. ¡Es como si nosotros percibimos lejos, muy lejos, la primera luz de la más grande alegría posible, la venida de Dios a Su mundo! Así la Iglesia anuncia la venida de Cristo, la Encarnación de Dios, Su entrada en el mundo para su salvación. Entonces, en los dos domingos precedentes a Navidad, la Iglesia conmemora a los Antepasados y a los Padres: los profetas y los santos del Antiguo Testamento que prepararon la venida, que fueron parte de la historia de esa espera, que esperaron por la salvación y conciliación de humanidad con Dios. Finalmente, el 20 de diciembre, la Iglesia empieza la Pre-fiesta del Nacimiento cuya estructura litúrgica es similar a la Semana Santa Pascual precedente, porque el nacimiento del Hijo de Dios como niño es el principio del ministerio salvador que lo llevará, por nuestra salvación, al último sacrificio de la Cruz.

Padre Alexander Schmemann


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San Andrés el loco en Cristo


Festividad: 2 de octubre en las Iglesias Eslavas y 28 de mayo en la Iglesia Griega.
Breve relato de su vida, Por San Nicolás Velimirovich
Andrés era eslavo de nacimiento. De joven fue esclavizado y fue comprado por Teognosto, un hombre rico de Constantinopla, durante el reinado del emperador León el Sabio (hijo del emperador Basilio el Macedonio). Andrés era bello de cuerpo y alma. Teognosto tomó cariño a Andrés y le permitió ser libre. Andrés oraba fervientemente a Dios y asistía con amor a los oficios de la Iglesia. Obedeciendo a una revelación celestial, adoptó la ascesis de la locura en Cristo. Una vez, cuando iba al pozo a por agua, se arrancó la ropa y la cortó con un cuchillo, fingiendo locura. Entristecido por esto, su amo Teognosto lo encadenó y lo condujo a la Iglesia de Santa Anastasía la Liberadora de los Venenos, para que se hicieran oraciones por él. Pero Andrés no mejoraba, y su amo lo liberó por enfermo mental. Andrés fingía la locura durante el día, pero oraba a Dios durante toda la noche. Vivió sin techo. Incluso pasaba las noches a la intemperie, caminando medio desnudo con una sola prenda hecha jirones, y solo comía un poco de pan, cuando los hombres de bien se lo daban. Compartía todo lo que recibía con los mendigos, y se burlaba de ellos para que no le agradecieran nada, pues San Andrés quería que su recompensa solo procediera de Dios. Así pues, la grandísima gracia de Dios entró en él y fue capaz de discernir los secretos de los hombres, percibir ángeles y demonios, exorcizar a los demonios de los hombres, y corregir a los hombres de sus pecados.
Andrés tuvo una maravillosa visión del paraíso y de los poderes celestiales. También vio a Cristo el Señor sentado en su trono de gloria; y con su discípulo Epifanio, vio a la Santísima Theotokos, en la Iglesia de las Blanquernas, cómo cubría a los cristianos con su velo protector. Esta aparición se celebra en la fiesta de la Protección de la Theotokos
(14 de octubre/ 1 de octubre). En una visión también escuchó inefables palabras celestiales que no se atrevió a decir a los hombres. Después de una vida de incomparable dureza en la ascesis, Andrés entró en el descanso de la gloria eterna de su Señor en el año 911.
Visión de San Andrés el Loco en Cristo 1.
Un monje de Constantinopla se distinguía como asceta y padre espiritual, y mucha gente acudía a él para pedirle oraciones. Pero este monje tenía el vicio secreto de la avaricia. Recogía dinero pero no lo daba a nadie. San Andrés se encontró con él un día por la calle y vio una terrible serpiente enroscada alrededor de su cuello. San Andrés se apiadó de él, se le acercó, y comenzó a aconsejarle: “Hermano, ¿por qué has perdido tu alma? ¿Por qué te has unido con el demonio de la avaricia? ¿Por qué le has concedido un lugar donde residir dentro de ti? ¿Por qué amasas riquezas como si fueran a ir a la tumba contigo, y no las pones en manos de los pobres? ¿Por qué te estrangulas a ti mismo por la tacañería? ¡Mientras que otros pasan hambre y sed y perecen por el frío, tú te regocijas viendo tu montón de riquezas! ¿Es este el camino del arrepentimiento? ¿Es este el rango monástico? ¿Ves a tu demonio?”. A causa de esto, los ojos espirituales del monje se abrieron, y vio al horrible demonio y se horrorizó. El demonio se alejó del monje y huyó impulsado por el poder de San Andrés. Entonces, un radiante ángel de Dios se le apareció al monje, pues su corazón fue cambiado por el bien. A continuación comenzó a distribuir su oro atesorado entre los pobres y necesitados. Y desde entonces, complació a Dios en todo y fue más glorificado que antes.
Visión de San Andrés el Loco en Cristo 2.
Una vez, San Andrés estaba sentado con su discípulo Epifanio, hablando sobre la salvación del alma. En ese momento, un demonio se acercó a Epifanio y comenzó a disponer engaños en sus pensamientos para distraerlo, pero no se atrevió a acercarse a San Andrés. Andrés gritó: “¡Apártate de aquí, impuro enemigo!”. El demonio se echó hacia atrás y respondió maliciosamente: “¡Eres mi adversario, sin parangón en toda Constantinopla!”. Andrés no lo expulsó de inmediato, sino que le permitió hablar. Y el diablo comenzó a decir: “Siento que llega el momento en que mi trabajo terminará. En ese momento, los hombres serán peores que yo, serán como niños peores que los adultos. Así, descansaré y ya no enseñaré nada más a los hombres, ya que ellos mismos llevarán a cabo mi voluntad en todas las cosas. Andrés le preguntó: “¿De qué pecados te regocijas más?”. El demonio respondió: “Del servicio a los ídolos, de la calumnia, de la malicia contra el prójimo, del pecado de la sodomía, de la embriaguez y de la avaricia. De estos me regocijo más”. Además, Andrés le preguntó: “¿Y cómo soportas que alguien que primeramente te servía ahora te rechaza y rechace tus obras?”. El demonio le respondió: “Tú lo sabes mejor que yo; resulta difícil soportarlo, pero nos consolamos por esto: probablemente volverán a mi muchos de los que me han rechazado y se han vuelto a Dios. Así, pues, volverán de nuevo a mí”. Después de que el espíritu maligno dijera esto y muchas cosas más, San Andrés sopló sobre él y desapareció.
Visión de San Andrés el Loco en Cristo 3.
Un día, San Andrés iba caminando por las calles de Constantinopla y vio un gran y espléndido funeral. Un hombre rico había muerto y su cortejo era magnífico. Pero cuando miró más de cerca, vio una gran cantidad de hombrecitos negros saltando alegremente alrededor del cadáver; uno, sonriendo como una prostituta, otro, ladrando como un perro, un tercero, gruñendo como un cerdo y un cuarto, vertiendo algo sucio sobre el cuerpo. Y se burlaban de las plañideras diciendo: “Estáis cantando sobre un perro”. Andrés, maravillado, preguntó lo que había hecho ese hombre. Volviéndose, vio a un apuesto joven llorando detrás de un muro. “Por el bien del Dios del cielo y la tierra, dime la razón de tus lágrimas”, dijo San Andrés. Entonces el joven le dijo que había sido el ángel guardián del hombre fallecido, pero que este hombre, por sus pecados, había ofendido gravemente a Dios, despreciando el consejo de su ángel y entregándose por completo a los negros demonios. Y el ángel le dijo que este hombre fue un gran pecador impenitente: un mentiroso, enemigo de los hombres, un avaro, un derramador de sangre y un hombre disoluto que había conducido a la inmoralidad a trescientas almas. En vano era honrado por el emperador y respetado por la gente. En vano era este gran funeral. La muerte lo había sorprendido sin arrepentirse, y la cosecha había llegado sin aviso.
Visión de San Andrés el Loco en Cristo 4.
San Pablo no fue el único en ser arrebatado al paraíso y escuchar “palabras inefables” (2ª Corintios 12:4). Más de ochocientos cincuenta años después de San Pablo, le sucedió también a San Andrés. Una noche de invierno, San Andrés yacía entre los perros en un muladar, calentando su cuerpo congelado. Un ángel se le apareció y fue arrebatado hasta el paraíso (si en el cuerpo o fuera del cuerpo, San Andrés mismo era incapaz de explicarlo), y permaneció durante dos semanas en el mundo celestial, siendo conducido hasta el tercer cielo. “Me vi a mí mismo revestido con brillantes y resplandecientes vestiduras, con una corona de flores en la cabeza y ceñido con un regio ceñidor, y me regocijé grandemente por su belleza, y mi mente se maravilló, así como mi corazón, por la inefable belleza del paraíso de Dios, y caminé allí con gran alegría”. Después de esto, San Andrés escribe sobre cómo vio a Cristo el Señor: “Y cuando una mano llameante deslizó la cortina, vi a mi Señor como el profeta Isaías lo vio en otro tiempo, sentado sobre un trono alto y sublime, rodeado de serafines. Estaba revestido con una vestidura roja, su rostro resplandecía y sus ojos se posaron sobre mí con gran regocijo. Viéndole, me postré ante él, adorándolo ante el trono de su inefable gloria. No tengo palabras para expresar el gozo que se apoderó de mí s, que endulzaron y enardecieron mi corazón lleno de amor por Él y me derretía como la cera ante tal calidez espiritual”. Cuando San Andrés preguntó después de esto si era posible ver a la Santísima Theotokos de Dios, se me dijo que en aquel momento no estaba en el cielo, pues había deal ver su rostro, y ahora, recordando esta visión, estoy lleno de un gozo inexplicable. Y escuché a mi Creador misericordioso decirme tres palabras con sus dulcísimos y purísimos labioscendido a la tierra para ser la ayuda de los pobres y necesitados.

Himno de Alabanza de  San Andrés el Loco en Cristo.

Andrés el loco en Cristo se quedó una noche bajo el firmamento estrellado orando:
“Oh Dios Altísimo, tres Personas en una sola esencia,
salvación y resurrección de las almas que duermen.
Oh dulce Jesús, más dulce que la vida,
Tesoro de alegría y belleza eterna,
Limpia a los pastores, ilumina a los reyes,
Consuela la turbación y santifica al mundo entero.
No te separes de mí, Andrés el Loco en Cristo, pues soy pecador,
Ni de tu santo pueblo, oh Señor”
Oh San Andrés, lleno de la sabiduría de Dios,
Tú que enseñaste al mundo con palabras de locura,
Con el lenguaje del mundo hablaste al mundo,
Y con tu fingida locura glorificaste a Cristo.
Los hombres te despreciaron por tu locura,
Y sus perros se alzaron de sus madrigueras y te persiguieron.
Fuiste el altar de Dios sobre la inmundicia del mundo.
Incensaste al mundo con tus oraciones,
Y el mundo no es digno de esta maravilla.
Gloria a ti, oh Andrés, Loco en Cristo.
Tropario en tono cuarto
Elegiste la locura por el bien de Cristo y te convertiste en un loco astuto. Perseveraste con tu lucha en medio del tormento, y Cristo te condujo al paraíso. Intercede ante Él, oh San Andrés, por los que honramos tu memoria.
Tropario en tono Segundo
Por ti, oh Cristo, tu siervo Andrés se hizo un loco en la tierra. Escuchó al apóstol San Pablo proclamando: “Somos locos por Cristo”. Honrando ahora su digna memoria, te suplicamos que salves nuestras almas.
Kontaquio en Tono Primero
Acabaste tu vida en la piedad, oh Andrés loco de Cristo, y fuiste un vaso puro de la Trinidad y compañero de los ángeles. Ahora que honramos tu memoria, suplica ante Cristo, con tu digna intercesión, que conceda la paz y el perdón a nuestras almas.
Kontaquio en Tono Cuarto
Por tu propia voluntad te convertiste en loco, oh Andrés, y aborreciste completamente los encantos de este mundo. Sofocaste la tentación de la carne con el hambre y la sed, con el calor y el amargo frío. Sin eludir la dureza de las estaciones te purificaste como el oro en el crisol. Por eso te suplicamos, oh Andrés Loco en Cristo, que intercedas ante Cristo para que salve nuestras almas.

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